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Jueves , 20.09.2018 / 20:02 Hoy

Sin coincidencias

Dizque inicio de campañas

Juan Gabriel Valencia

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El final de este juego de palabras grotesco de precampañas e intercampañas y el inicio de la campaña formal, contrario a lo que muchos suponen, puede ser un resquicio para que el proceso electoral de comunicación, propaganda y publicidad tome un derrotero distinto.

Para efectos prácticos, las candidaturas de Meade y de Anaya siguen siendo, para la ciudadanía en general, una interrogante. Por lo que toca a López Obrador, después de 18 años de promoción ya se sabe con certeza lo que piensa y, si acaso, ha modificado un poco sus modales y sus tácticas, pero sigue siendo el mismo, dirían sus biógrafos, desde chiquito. Piensa lo mismo que lo poco que pensaba antes, desde que empezó su carrera de adolescente semidelincuencial, que no solo dice consignas; piensa en consignas, que es diferente. No da para más. Quienes van a votar por él ya lo saben, quienes no, también.

Anaya y Meade son otra cosa. El candidato antes panista ahora de Por México al Frente extravió en las últimas semanas el hilo discursivo de su narrativa. Mantuvo durante años, en las palabras y en los hechos, la búsqueda calculada y fría del poder político personal hasta que las notas de un diario nacional y las filtraciones de autoridades judiciales pusieron a prueba con éxito la delgadez de la piel de un político todavía inmaduro, quien en la frustración de su respuesta mostró su inexperiencia, convirtió en probables las imputaciones que se le hacían y olvidó en el camino su papel de oferta político-personal.

La incorporación reciente de Margarita Zavala a la boleta, con todas las reservas del INE sobre el caso, solo le resta a Anaya. Contrario a lo que se diga, la sapiencia y personalidad del coordinador de estrategia, Jorge Castañeda, en la campaña de Anaya, solamente achica al candidato, no le suma.

El caso de Meade es todavía más complejo. Comenzó una candidatura sin militancia y con la petición al PRI de hacerlo suyo, en una ambigüedad que no quedó claro quién se apropiaba de quién y en qué momento y si esa apropiación se ha concretado. En su propuesta ha sido puntual y articulado como lo es, sin poder aún engarzar, si es que lo logra, en algún momento, las tareas por continuar con cambios drásticos en el estilo personal e institucional de gobierno.

Contrario a las inevitables solidaridades públicas de la inmensa mayoría del priismo, se han expresado en privado y no tanto serias dudas en los mandos intermedios y superiores del partido respecto de la idoneidad del candidato, de su equipo de campaña, de su estrategia, de su voluntad de poder y liderazgo, de su convicción, en suma, de estar comprometido con la idea de ser presidente de México y de contar con el proyecto que sustente esa ambición. Las listas de candidaturas no lo han demostrado. Lo único que arrojan es la filosofía de que más vale un mal arreglo que un buen pleito, filosofía de vida que funciona, salvo en las situaciones como en la actual, que es de todo o nada para la vida del partido que lo postuló.

Seguramente en Anaya y Meade se apreciarán cambios importantes. Lo señalado líneas arriba debería ser evidente para los respectivos equipos de campaña.

valencia.juangabriel@gmail.com

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