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Viernes , 21.09.2018 / 14:53 Hoy

Sin coincidencias

De dedazos inexistentes

Juan Gabriel Valencia

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Se suman las voces de quienes dicen aspirar a la Presidencia de la República. Crecen las interrogantes respecto del diseño a seguir por el partido gobernante para la postulación de su candidato en la elección de 2018. La única declaración explícita de un implicado como posible aspirante, desde la trinchera del grupo gobernante, es que no es el momento, es que esa etapa corresponde al cumplimiento de responsabilidades encomendadas por el presidente Peña Nieto. Esa postura genera diversas apreciaciones. Cuentan posiciones partidistas interesadas o actitudes de ingenuidad democrática que suponen y dan por hecho que lo que no es público y declarado no es democrático, como si en cualquier decisión de toda instancia pública hubiese derechos y obligaciones correlativos a la transparencia absoluta en el ejercicio del poder.

Algunos de los que están preocupados porque el gobierno y su partido no han revelado el trayecto de momentos y eventos que concluirán con la postulación de su candidato presidencial han puesto en duda la capacidad de Peña Nieto y sus márgenes para practicar un “dedazo”. La sola interrogante supone que en el pasado eso ocurrió y que ahora es improbable. Es válido discrepar. En el pasado eso no ocurrió y semejante hipótesis, política y científicamente aberrante, es imposible para el presidente Peña, salvo quizá en la cabeza ahistórica de algunos cortesanos mexiquenses.

En ese sentido, llama la atención que incluso analistas serios hablen de que el último dedazo en la historia del PRI fue el que favoreció a Colosio por parte de Salinas. Si eso fuese cierto, como naturaleza de la decisión, no habría sido el último, sino el penúltimo, porque la postulación de Zedillo caería en la misma categoría. Ni uno ni otro.

Salinas construyó a lo largo de su sexenio la candidatura, entre otras posibles, de Luis Donaldo Colosio, a partir de la creación de circunstancias y condiciones que a la hora de la decisión habrían hecho imposible un dedazo. Es decir, un capricho. Los presidentes de México, incluido Carlos Salinas, eran suficientemente inteligentes y responsables para establecer límites a sus propias atribuciones, incluidas sus facultades metaconstitucionales (Carpizo dixit, quien entendió el derecho, mas no el poder). Salinas creó la trama de gubernaturas que posibilitaban la candidatura de Colosio; impulsó el proyecto de apertura económica mexicana al que Colosio sería funcional; implantó una política social que hizo mediáticamente visible y socialmente viable a su precandidato. Instrumentó con figuras de primer nivel una política económica de coincidencias dentro de la élite gubernamental y entre ésta y las élites económicas y culturales. Colosio no era inexorablemente el candidato. Las condiciones anteriores, incluida en víspera de la nominación la aprobación del TLC en Washington, volvieron lógica e imparable una nominación que seis años antes, siendo Colosio oficial mayor del PRI, hubiera sido un chiste. Las candidaturas se construyen y forjan. No es de querer es poder, sino de capacidades grupales para materializar ilusiones, trabajar mucho, operacionalizar y racionalizar con frialdad expectativas cumplidas y agravios personales y valorar el uso y significado del tiempo. Eso hizo Salinas con Colosio y con Zedillo. Y nunca lo hizo explícito. Supo todo el tiempo lo que se podía y lo que no. ¿Sabe Peña?

valencia.juangabriel@gmail.com

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