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Jueves , 13.12.2018 / 17:50 Hoy

Columna de Juan Carlos Ramírez-Pimienta

'Narcocultura': la pregunta que desperdició 'El Chapo'

Juan Carlos Ramírez-Pimienta

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En la reciente conversación que Charlie Rose sostuvo con Sean Penn, el actor intenta explicar las razones que motivaron su encuentro con Joaquín El Chapo Guzmán y su posterior artículo para la revista Rolling Stone. Todo esto, por supuesto, en el contexto de la tormenta legal, política y mediática que se ha desatado a raíz de la tercera captura del conocido narcotraficante mexicano, el pasado 8 de enero.

Mucho se ha escrito de la ética y de las condiciones en que se llevó a cabo la entrevista, así como de su valor periodístico. El actor justifica sus acciones como un intento por iniciar una conversación seria sobre el tema de las drogas y las fallidas políticas estatales para lidiar con este flagelo. En medio de una lluvia de críticas a su ego, a la calidad periodística de su texto y a la misma ética de su reunión con Guzmán Loera, Penn acepta que el resultado no fue el esperado. Se dice arrepentido. Ciertamente, muchas de las preguntas son ingenuas y alguna hasta podría parecer que fue hecha para mostrar a Guzmán en una luz positiva, pues evoca una de esas escenas de película en que un abogado interroga a su cliente ante un jurado: "¿No es verdad que usted solamente se defendió?".

Muchas preguntas interesantes se le pudieron hacer al sinaloense. Preguntas y respuestas que hubieran arrojado luz sobre algunos de los acontecimientos más importantes de las últimas décadas: ¿qué fue lo que realmente pasó en el caso del cardenal Posadas Ocampo? ¿Quién mató al agente de la DEA Enrique Camarena y bajo qué circunstancias? Es verdad que en aquellos años El Chapo aún no ocupaba un puesto importante en el escalafón del narcotráfico nacional, pero ya formaba parte de lo que entonces se denominaba cártel de Guadalajara. ¿Quiénes lo ayudaron en sus escapes? ¿Por qué y cómo iniciaron las guerras contra los cárteles de Tijuana y de Juárez? ¿Quién apoyó a quién? ¿Qué funcionarios públicos le han vendido protección en México? ¿Y en Estados Unidos? Las preguntas que se antojan son legión, independientemente de que hubiera accedido a responderlas. La misma evasiva o negativa hubiera sido reveladora. En cambio, nos enteramos de que las drogas destruyen, que no se considera a sí mismo una persona violenta, que respeta y ama a su madre y que su organización no es un cártel.

Sin embargo, algunos periodistas y líderes de opinión no dejan de reconocer que si bien la entrevista deja mucho que desear en cuanto a rigor periodístico, sí es un valioso documento histórico. Para mí la entrevista se redime al menos por una pregunta y, sobre todo, por su respuesta. "Si pudiera cambiar usted el mundo, ¿lo cambiaría?", se le cuestiona a Guzmán Loera a los 12 minutos y 15 segundos de la videoentrevista diseminada por Rolling Stone. La reveladora respuesta del Chapo fue: "Yo, para mí, a como estamos... soy feliz". Una respuesta desperdiciada, por decir lo menos, en ese esfuerzo de Guzmán Loera por mostrar una imagen positiva de sí mismo. Una respuesta descuidada que no hace mucho sentido en medio de una supuesta estrategia para moldear la percepción de su imagen ante el mundo, esfuerzo que se materializaría en la producción de una película sobre su vida.

Lo que El Chapo respondió socava una de las nociones más populares de la narcocultura. Precisamente la noción que apela a la imagen romántica de Robin Hood, al bandido social que teorizó el historiador Eric Hobsbawm o a lo que el antropólogo John McDowell ha llamado tan lúcidamente el tema del mal gobierno como el gran motivo creador del corrido mexicano (y yo agregaría, como gran motivador de la narcocultura). La pregunta era de concurso, pero de concurso de belleza. Era una de esas preguntas que las participantes de todo certamen de belleza adoran porque son fáciles de responder, porque les brinda la oportunidad de mostrar sus buenos sentimientos, sus deseos de acabar con la pobreza y las injusticias del mundo. En términos futbolísticos, era un claro pase para gol.

La respuesta de Guzmán Loera ("a como estamos... soy feliz") deja al descubierto una visión muy personal, egoísta, lo más alejada posible de una preocupación social. No puedo dejar de preguntarme qué y cómo hubiera respondido Pablo Escobar, el otro paradigma del narcotráfico latinoamericano. No es casualidad que existan tantos documentos sonoros de Escobar. Dudo mucho que el colombiano hubiera dejado pasar la oportunidad para decir (lo creyera o no, eso es otra cuestión) que él lo que más deseaba era ayudar a los pobres de su país. Ese siempre fue parte de su discurso político, de su discurso público. Al preguntársele cuál era la base de su movimiento Civismo en Marcha, respondió que la ideología principal era el civismo, los programas sociales, ecológicos y deportivos. Eso lo dijo en una entrevista que se puede consultar en internet. De nuevo, el punto aquí no es si lo creía o no. La siguiente pregunta de esa misma entrevista cuestionaba si le gustaba que le apodaran El Robin Hood antioqueño. "De ninguna manera —respondió—, pero de todas maneras es un calificativo que resulta interesante, porque quienes conocen la historia de Robin Hood saben perfectamente que luchó y que salió en la defensa de las clases populares". Es decir no, pero sí.

Volviendo a México, a la respuesta de Guzmán. Es harto reveladora y debería servir para una reflexión seria sobre la narcocultura. La entrevista deja una enseñanza importante. Para todos aquellos que han hecho un héroe social de la figura mitificada de Guzmán Loera debería resultar obvio que la pobreza del pueblo, la situación de los humildes, no es algo que le importe. La posibilidad de cambiar el mundo, de mejorarlo, no entra en su imaginario... al punto que ni siquiera se le ocurrió mentir.

De cualquier manera, independientemente de lo importante que la figura de El Chapo ha sido para alimentar la narcocultura, es evidente que ésta no terminará ni con el arresto ni con la humillación del jefe criminal. Seguirán surgiendo corridos en su honor y en el de aquellos que ya ocupan o van a ocupar su puesto en la imaginación popular. Por mi parte, he dedicado más de dos décadas de mi actividad académica a estudiar y pensar la narcocultura porque la considero un tema de la mayor importancia para México. Asimismo, sigo convencido de que puede neutralizarse. El antídoto es el buen gobierno.


*Profesor e investigador en San Diego State University, es coantologador de los libros "El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana" y "Camelia la texana y otras mujeres de la narcocultura", y autor de "De El Periquillo al pericazo: ensayos sobre literatura y cultura mexicana" y "Cantar a los narcos: voces y versos del narcocorrido". Como especialista en el tema de la narcocultura ha colaborado para diversos medios, entre ellos The "New York Times", "Le Monde" y "BBC".

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