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Martes , 11.12.2018 / 06:47 Hoy

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Los Derechos Culturales en el centro de las políticas públicas

Juan Carlos Porras

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Entendamos de una buena vez que “la cultura no es algo para consumir, sino para asumir. Y no se puede asumir la cultura, ni entender su evolución y su sentido, (…) si se le desliga totalmente del trabajo creador que la produce y de la disciplina que resulta indispensable para acometerlo”. 1

Dicho sea de paso, los creadores —artistas y promotores los más y algunos maestros— deliberan el cómo introducir a los ciudadanos no solo a un movimiento de educación artística progresivo sino a la continuidad de “la tarea cultural que nos humaniza” 2 y que conlleva, sin lugar a especulaciones, al ejercicio pleno de los Derechos Culturales (DD CC).

Lo citado líneas atrás atiende muy bien el decurso de la reciente Declaración de la Ciudad de México sobre Cultura y Paz (20 de octubre) donde los DD CC son esenciales para la dignidad humana como también las personas pueden hacer efectivos dichos derechos con mayor facilidad. Pero para ello se “requiere un especial papel de los gobiernos locales en el desarrollo de políticas que faciliten la participación en la vida cultural, aborden los obstáculos existentes para esta y exploren las interrelaciones con otros ámbitos del desarrollo sostenible y la construcción de la paz”. 3

La Declaración insiste enque,“sólo poniendo a la cultura en el centro de las políticas públicas, respetando tanto las libertades de la ciudadanía y las comunidades” se podrán tener sociedades incluyentes y sostenibles además de ejercer sin cortapisas sus identidades.

Seguro que si ejercitamos bien las políticas públicas estas nos llevarán a tener acciones de transformación social que sumarán a nuestra comunidad para reconstruir el tejido tan mermado por la violencia institucional, así como la organizada por el crimen.

Por cierto, cabría mencionar que un grado de violencia institucional lo podemos ver en la falta de proveeduría del servicio de agua potable o qué decir de la inoperancia de las bibliotecas públicas como también en la no contribución a una educación de calidad con el argumento de ser “ciudad educadora”.

Aquí tenemos entonces la demostración del cómo, desde las agencias del poder de la cultura,se afecta a la sociedad en general a través de la autoridad e imposición. Ya que dichas agencias insisten en el autoritarismo en lugar de ayudarnos en la formación ciudadana.

Los DD CC son nulificados a rajatabla porque a los señores del poder político no les interesa la dimensión del desarrollo cultural de la ciudadanía ya que no les produce dividendo alguno. Ni dinero, ni fama, ni votos, y, por ende, no lo ven como asunto prioritario.

Se conforman con la colocación de amigos filiales, (“profesionales”) en la utilidad práctica del poder, en los puestos clave de la Educación, la Ciencia y la Cultura. Los ejemplos en la municipalidad son harto conocidos.

No les interesa promover el pensamiento libre sino seducir a quien se deje con su imagen y semejanza de “madurez intelectual” —tranquilinamente hablando— que potencia, no un talento humanizador, gradual y evolutivo, sino la artificialidad de la “microfísica del poder” que nos lleva “a sostener dañinas demagogias”.

La rebeldía arrogante de los fervientes autoritarios prefiere el poder económico y no el cultural. Fomenta la ordenanza total (no la gobernanza) —de la periferia al centro— y no la apertura de los DD CC como ejercicio de libertad.

Pero el nuevo poder (hablo del poder de la cultura) para la reconstrucción de la sociedad apela al convencimiento “de que el desarrollo cultural y el pleno ejercicio de los Derechos Culturales de los pueblos, las comunidades y los individuos, son actos profundos de paz y quizá es la forma más delicada, más sutil pero también más cierta, de emprender ese camino”. 4

La Ley de Derechos Culturales para el Estado de Guanajuato (vigente) —armonizada con la Ley General de Cultura y Derechos Culturales— seguro nos ayudará a cumplir lo anterior por estos rumbos y de paso a no temer a la violencia institucional ejercida por sus profesionales.

Los artistas, promotores y maestros deberán, desde la educación humanista, argumentar con las leyes en la mano y documentos adjuntos, a los Ayuntamientos y responsables de Cultura, que “inequívocamente la cultura hoy forma parte de las soluciones a los grandes desafíos de la humanidad”. 5

Así pues, los Derechos Culturales deben estar en el centro de las políticas públicas.
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* Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

Notas:


1 Fernando Savater, El valor de educar, IEESA-SNTE, 1997 1ª. Reimp., Cap. 4 “La disciplina de la libertad”, p. 116


2 Ibid. p. 114


3 Cultura y Paz. Declaración de la Ciudad de México, 20 de octubre, p. 2


4 Ibid. p. 3


5 Ibid. p. 3


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