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Jueves , 20.09.2018 / 15:55 Hoy

Dato duro

El arroz y la gorda

Juan Carlos López Aceves

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Verdad de Perogrullo: en una elección presidencial, el candidato del partido que gobierna carga con los positivos o negativos del gobernante en turno. Hablamos de la percepción, buena, regular o mala, que los ciudadanos construyen sobre el desempeño del Presidente de la República. Y esta suele ser impermeable a la razón y atarse al estado de ánimo, con nudo de alpinista.

En escenarios de alta competencia y abundante pluralidad de los votantes, como el que enfrenta José Antonio Meade, los negativos de Peña Nieto se convierten en pesada losa, que impiden despegar el vuelo a su candidatura, devaluando su perfil de ciudadano honesto y eficiente servidor público.

Dos encuestas de marzo reflejan lo anterior. La que evalúa al Gobierno Federal, a cargo de Mitofsky, mantiene reprobado a Peña Nieto. Apenas el 21% está de acuerdo con su gestión. En este mes de un año con elección presidencial, Fox obtuvo el 63% y Calderón el 52%. Terminaron su sexenio, con una aprobación promedio de 57.9% y 56.6%, respectivamente. Hasta el momento, Peña Nieto se adjudica un promedio de 38.1% de aprobación.

La otra encuesta, de Parametría, retrata la intención del voto iniciando el mes de marzo. Por partido, el PAN obtiene el 17%, el PRI un 13% y Morena el 29% de las preferencia electoral, con un 20% de ciudadanos indecisos. Por coalición, la del PAN obtiene el 27%, la del PRI el 15% y la de Morena el 36%. La intención por candidato arroja un 23% para Anaya, 18% para Meade y 34% para AMLO.

Como puede apreciar, la aprobación de Peña Nieto, 21%, y la intención de voto a favor de Meade, 18%, guardan una estrecha relación. Mientras que la marca PRI, afectada también por los negativos de la gestión presidencial, se encuentra en el sótano, con el 13%, afectando de rebote a su candidato.

No será fácil para Meade desatar este nudo, sobre todo cuando en el estado de ánimo del votante predomina el deseo de cambio de partido en el gobierno. Y la percepción negativa va de la mano con la hormona y no con la neurona.

Aunque restan todavía 110 días para salir a votar, lo cierto es que AMLO iniciará el periodo de campañas como puntero indiscutible, favorecido por la guerra de acusaciones de corrupción que mantiene trenzados al PAN y el PRI peleando por el segundo lugar. Una especie de liguilla futbolera, que López Obrador está disfrutando cómodamente sentado en luneta.

Pero del plato a la boca, se cae la sopa. Lo sabe AMLO: perdió la presidencial en el 2006, siendo puntero en las encuestas. El arroz aún no se cuece y la gorda puede cantar en julio un final de ópera inesperado.

¿Un allegro para Meade o Anaya?

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