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Las posibilidades del odio

Xoel López, entre los sueños de la canción y el pan de la vida

Juan Carlos Hidalgo

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Los discos del músico gallego afincado en Madrid han ido creciendo gradualmente y escalando cumbres de ambición y conocimiento de la canción folk rock. Debo de reconocer que aun con hallazgos notables, antes se quedaba a muy corta distancia de una obra absolutamente inapelable; y ahora ya la tiene: Sueños y Pan (2017).

No son pocos los que le atribuyen 14 discos a cuestas, dado que incluyen los tiempos con Deluxe, pero lo cierto es que a su nombre le asisten 3 álbumes y un directo que dejan en evidencia una notable progresión hasta alcanzar un nivel en el que no se echa de menos detalle alguno –cada elemento sobresale en su sitio-.

Xoel tiene una larga trayectoria y vasta experiencia como músico; el asunto es que esta colección de canciones posee los atributos que nos permiten valorar al álbum como una totalidad y no a partir de alguna pieza aislada. El músico ha dejado entrever que se halla completando un ciclo artístico, y si a ello sumamos los grandes acontecimientos de su vida personal, entonces entendemos los motivos por los que su obra se ha hecho más poderosa. Y es algo que brota desde los primeros instantes del disco.

Porque abre con “Jaguar” (“Pequeño jaguar de la noche, rompiste todos mis espejos; Pequeño jaguar de la noche, ¿quién te pudiera descifrar”), que está dedicada a su hijo de dos años y de la que cuenta: “Admiro a los niños, esa libertad que tienen que, cuando nos hacemos mayores, se nos olvida o perdemos. Aprendo mucho de mi hijo”. Y es que no es fácil entrar en ese subgénero de canciones y/o discos dedicados a la paternidad; no es un tema fácil del que salir bien librado y López consigue que tanto esta pieza, como la entrega entera, tengan una densidad y fortaleza más allá del mero anecdotario familiar.

Lo que es un hecho es que se trata de un hombre instalado justo en los 40 años de edad y ello representa un punto de inflexión crucial en la existencia de cualquier persona. Se halla en un momento en el que correr riesgos no le da temor alguno; todo lo contrario, es una invitación para llevar a su repertorio hacia territorios sonoros insospechados. Musicalmente, “Jaguar” arranca como una batucada que se apoya en secuencias percusivas y que incluye la colaboración del gaitero gallego Xosé Manuel Buduño; hacia su final hay un crecendo que semeja un brote psicodélico.

Y es que en Sueños y Pan existe ese encuentro entre los recursos actuales de un estudio, detalles mesurados de electrónica y muchos coqueteos con ritmos bailables, que con sus constantes viajes por Latinoamérica se le han ido pegando; recordemos también que residió un periodo importante en Buenos Aires y la cultura argentina también le dejó su impronta.

Al presentar el álbum en tierras colombianas tuvo oportunidad de contar acerca de esa trilogía completada: “Porque los tres discos reflejan la salida de ese barco imaginario hacia Buenos Aires, los viajes por América –Atlántico (2012)-; mientras que Paramales (2015) sería una transición porque lo grabé la mitad en España, y Sueños y Pan (2017) sería como el descanso del aventurero”.

Mientras doy varias vueltas a un disco que hace las veces de un remanso festivo, me entero de que le han entregado el premio Federico García Lorca al magnífico poeta catalán Pere Gimferrer y entre los argumentos para otorgar tan importante galardón el jurado destaca: “la amplitud y capacidad para conectar mundos antes no incorporados a la literatura y que es un renovador constante en el último medio siglo en el ámbito español”. ¡Qué curioso! Lo mismo podría decirse de Xoel López y en ello habría justicia y certeza. Incorpora y conecta otros mundos lejanos con su música, una entidad emocionante.

Porque en Sueño y Pan existen al menos otros dos puntos muy altos para mi gusto; y no deja de ser curioso que vengan uno tras otro. El primero en aparecer es “Frutos”, que marca otra novedad en su carrera en solitario, y es que se acompaña de Miren Iza, vocalista de Tulsa, una mujer que le hace emocionar cuando se le pregunta por ella: “Maravillosa, maravillosa. Es muy grande esa mujer. Lo fuerte es que trabajando con ella me di cuenta de que es la primera colaboración que he hecho en toda mi carrera. En directo he hecho muchísimas, pero en disco, es la primera”.

“Frutos” es pura fiesta… flirteó juguetón; una canción soleada que parece azotada: “Y si quieres entrar, yo te estaré esperando entre frutas y flores de plástico”. Y luego viene “Madrid”, pop rock so pretexto de cantar sobre su noche encendida, el puente de los franceses y la lluvia ausente; una rola muy emotiva que le hace afirmar: “¿No sé si me besaste o me curtiste?”. Esta era una canción ideal para que la usaran en la FIL de este año que se dedicó a la capital española y en la que Xoel tocará precisamente el día de hoy (alternando con Siddartha), después de haber pasado por la ciudad de México para celebrar los 7 años del Caradura.

Sueños y Pan, editado una vez más por Esmerarte, está conformado precisamente por 10 canciones que se grabaron en Madrid, bajo la producción de Ángel Lujan, encargado de lograr ese equilibrio entre las alusiones a otros ritmos del mundo y la visión del folk rock contemporáneo, que aquí se expresa creativa y flexible.

No quiero que se termine el espacio sin compartirles la introducción que el gran Pablo Ferrer ha escrito para el portal de la revista Zona de obras, a propósito del autor de un disco cuyos temas –todos- son titulados con una sola palabra y que resulta absolutamente conmovedor y efectivo: “Catorce discos como catorce blasones en casas distintas de una aldea global; cambios de piel, un solo bardo, gallego en ambas orillas del gran charco, padre y cuarentón reciente, eterno adolescente de alma vieja, artesano de cincelado natural, que deja a la vista las costuras de sus canciones porque de la arruga adolfina y la cicatriz emana, ufana, la belleza. Con todos nosotros, Xoel López”.

Cuando escucho que en “Serpes”, suelta: “una mordida de infinita saudade”, no me extraña que Bailarás cometas bajo el mar (Ed. Espasa), su primer poemario, ya vaya por su segunda edición; como ya dije, es un artista que se preocupa por el manejo del lenguaje y los idiomas (cierra con “Durme”, una canción de cuna en gallego) y que además disfruta muchísimo de todos y cada uno de los riesgos que corre con sus canciones: “Siempre fui un kamikaze, hice cosas muy mal, las sigo haciendo y no me importa. Creo que es la única manera de aprender. Yo no creo en la maestría ni en la perfección, yo hago lo que puedo, lo hago con mucha pasión, dedicación, cariño y amor, pero sé que me voy a equivocar, que haré cosas mal, que haré cosas de las que me arrepentiré... Pero siempre con una búsqueda de cierta verdad, de cierta bondad y belleza. La búsqueda de algo que pueda defender.

circozonico@hotmail.com

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