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Las posibilidades del odio

Sabino Méndez: de la Movida madrileña a los raves a través de la "Literatura Universal"

Juan Carlos Hidalgo

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Todo podría ser parte de una trampa; un artilugio perfectamente concebido por el autor. Simón Sáenz Madero nace a las 6:18 del 16 de diciembre de 1961 en Barcelona. Le toca el coletazo de un mundo polvoso y conservador que estableció la dictadura de Franco, pero también la utopía hippie que hacía de las Islas Baleares un paraíso; hacía allá había que ir para iniciarse y descubrir directamente el significado de las palabras libertad y rock and roll.

La trampa consiste en que uno podría llegar a pensar que ese tal Simón es el alter ego de Sabino, pues tarde que temprano se verá inmerso en la Movida madrileña y formará las agrupaciones pioneras en el rock hispánico. Esta aventurada y aventurera novela pareciera la historia de una tercia de amigos (que completan Paco Valls y Cárdenas) que representan a un abanico social que en algún momento puso a convivir en las aulas a herederos de la aristocracia con hijos de padres de la clase trabajadora. Un caldo de cultivo que provocaría en España todo un estallido.

Y es que la vida de Méndez también ha estado llena de turbulencias; alcanzó la fama siendo guitarrista y compositor en Loquillo y los trogloditas – a él debemos canciones tan inmensas como “Cadillac solitario”, “La mataré” y “Carne para Linda”-, pero vio fracturada su carrera debido a la heroína. Así como el narrador comienza a contar esta saga desde la comodidad de París, Sabino encontró años después un sitio como periodista desde donde comenzó también una carrera como escritor en la que ha demostrado gran solvencia –el costal de anécdotas ya lo traía a cuestas-.

En la primera parte de esta novela de largo aliento (518 páginas) da cuenta de sus años en el colegio –antes del servicio militar y la universidad- y culmina con una escapada formativa y liberadora hacia las Baleares, que será cortada por la paranoia de la madre de Cárdenas. El otro par prolonga la aventura lo más posible entre la bohemia hippie. Más tarde no les queda sino reinsertarse en el sistema para seguir desde dentro tratando de evadirlo.

Mientras Simón se instala en las noches interminables de los bares y clubes de Madrid, pensamos, sin duda, que podría tratarse de la vida del autor. Parecería que estamos ante un logrado ejercicio memorioso: “La efervescencia de la capital madrileña empezaba a interesar a las revistas multicolores y los programas de televisión sensacionalistas. El mito de la libertad es tan poderoso, se asocia de tal manera a la felicidad y la diversión, que los periodistas, habitualmente tan cínicos y trapaceros, encontraban un filón en la historia de una sociedad que salía de la tiranía con un río de alcohol y semen en lugar de la habitual salida torrencial de sangre y mierda”.

Pero lo que mantendrá en contacto a través de las décadas a un grupo heterodoxo de amigos colegiales será el interés por la literatura -¿Quién lo diría?-. Es así que personajes como Sebas, la histérica, van y vienen sin dejar de reunirse eventualmente para conocer sus avances o extravíos. Todos van teniendo distintas dificultades para abrirse camino por la existencia, pero de alguna manera están conectados. Hasta ese punto Simón sigue aferrado a la composición: “Estaban, además, las canciones: las palabras no eran mejores o peores en sí mismas; era la combinación en grupos lo que las hacía vivas o muertas”.

La historia de aquel colectivo, que incluye a dandys adictos, mujeres deschongadas, artistas de ocasión e intelectuales retraídos, mantiene la tensión y el interés en torno a un ejercicio que exhibe la erudición del escritor. En la novela va insertando frases de otros autores de tal manera que parecieran formar parte de la propia narración y para ello va colocando a pie de página el origen de cada una; al final del libro utilizó, nada menos, que 500 epígrafes.

Con todo, Literatura Universal (editada por Anagrama) avanza como una crónica generacional en la que ronda la llegada –pronta o tardía- de la madurez a cada uno. Mientras no desaprovechan ninguna nueva experiencia: “Los románticos habían reivindicado la juventud y la belleza, los vitalistas el ansia de vivir como un motor en sí mismo, pero hasta ese momento nunca habíamos visto reivindicada la inmadurez de una manera positiva en ningún texto. Lo más llamativo es que esa entrada de su diario estaba datada menos de veinte o treinta meses antes de la primera aparición del rock and roll”, así lo cuenta Simón mientras revisa el dietario de Witold Gombrowicz.

Pero ya muy avanzados en el libro es que la trampa ha funcionado y mantiene atrapado al lector y libera a la historia de cualquier aparente biografía. Simón se refugia una larga temporada como pincha discos en un bar cutre y se va fogueando con la técnica. A fuego lento va concibiendo su propio material y en un momento dado salta a la fama como un Dj de fama global. Se vuelve millonario hasta que un macro rave en una isla italiana termina en una estampida monumental de gente y hay varios muertos. Como parte de la organización, lo arrastran los líos legales y pierde su dinero. Busca reinventarse en Nueva York y se abre paso casi como ambientador musical y conceptual en museos y galerías. Al volver a España, imparte cursos y la escritura le permite volver a escalar hacia la fama –eventualmente regresa a las sesiones exitosas-: “Todo era ritmo y música; una música cerebral, inaudible en la atmósfera. La combinación del sensual y silencioso ruido mental de la lógica y las emociones sentidas”.

No deja de ser interesante que Simón tiene que reinventarse apenas a unos días de cumplir 40 años, mientras que sus amigos han tomado rumbos divergentes; alguno incursionó en la política, otro es un autor de renombre y un par más se perdieron entre la academia y la vida diletante. El protagonista los analiza y siente que para ellos se ha agotado el tiempo, que son viejos y que la experiencia de la vida plena se ha agotado. ¡A los cuarenta años! Cuando ve que alguno sufrió un grave accidente y terminó en silla de ruedas, le sorprende que pueda conducir una guerrilla periodística desde un blog: “El hombre que avanzaba hacia la vejez negándose a aceptar el sistema y que pese a su edad y deterioro aún mantenía un idealismo tamizado de humor despreciativo y vitriólico”.

Literatura Universal nos pone delante de la gran historia de España a partir de los aciertos y traspiés de personajes que son representativos; contemplamos como la aristocracia se hace rancia, como se puede hacer dinero rápido lucrando con la política y la dificultad de artistas de bajo perfil para meramente sobrevivir. Hay quien disfruta de los lujos y muchos otros que se van apagando lentamente: “Un día de por entonces me di cuenta de que los escritores de mi generación eran probablemente los primeros que habían escuchado tantas canciones durante su vida como libros habían leído. ¿Serían por eso más musicales? ¿O traicionarían a la vida y su música como siempre, tarde o temprano, de una manera decepcionante, terminan haciendo los artistas?”.

circozonico@hotmail.com

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