• Regístrate
Estás leyendo: Ricardo Piglia y la escritura que todo lo envuelve
Comparte esta noticia
Jueves , 21.06.2018 / 21:30 Hoy

Las posibilidades del odio

Ricardo Piglia y la escritura que todo lo envuelve

Juan Carlos Hidalgo

Publicidad
Publicidad

En Diciembre del año pasado, la sagaz periodista y escritora argentina Leila Guerriero le hizo una entrevista a la enorme figura literaria que es su compatriota Ricardo Piglia; en la respuesta, que dio título a la publicación del diario español El país, este hombre nacido en 1941 apunta: “Uno escribe y elige lo imaginario porque está desajustado en relación con la vida. Esto no supone ningún privilegio ni garantiza una profundidad, es una grieta entre la experiencia y el sentido, no entiendo cómo se produce y de dónde viene ese pensar de más y esas leves alucinaciones y por eso tal vez escribo un diario, para mantener a raya esa extrañeza, pero no he logrado más que confusión. Es cómico, uno busca entender lo que le pasa y sólo logra estar más perplejo”.

“Uno escribe porque está desajustado con la vida”; una frase que sumergido en el intento de escribir un segundo libro de cuentos se convertía para mí en una especie de mantra que me perseguía de día y de noche. El escritor fuera de la sintonía mundana, pero a fin de cuentas tratando de identificar los intersticios que te permitan hacer posible la escritura de ficción.

Para ese entonces, ya “Los diarios de Emilio Renzi” (Ed. Anagrama) se estaban afirmando como uno de los acontecimientos más importantes del mundo editorial del 2015. Piglia jugaba con su viejo alter ego –conformado con su segundo nombre y apellido- y sacaba a la luz el primer volumen de una serie dedicada a sus años de formación como escritor. Coloqué el libro en un lugar más que accesible y, siendo que se trataba de un diario, sabía que podía irlo leyendo fragmentariamente y dosificando sus aportaciones. Y es que no sólo la mera biografía es apasionante, son muchas las ideas que iba vertiendo en una serie interminable de cuadernos escritos a mano y que luego fueron pulidos hasta convertirse en la versión que ahora conocemos.

Por si no fuera suficiente con ese: “Uno escribe porque está desajustado con la vida”; a las primeras de cambio, Ricardo nos sorprende con un acto de total arrojo no sólo por conversar con Borges con total desenfado y franqueza –como si no tuviera delante a una leyenda- sino con la confesión juvenil de que también escribía y a ello pensaba dedicarse. A muchos se nos caerían los pantalones o no saldría la voz por tener algo extraño atorado en la garganta. Piglia platicó sin reparos con un gigante.

Pero muy pronto seguiría otro apunte letal; en aquellos primeros años de ejercicio escritural comenta que se tardaba alrededor de 3 meses en terminar un cuento de 5 cuartillas. Ello me fustigó con la precisión de un látigo. ¿Sería que yo avanzaba muy rápido? ¿Lo que surgía de mi imaginación había sido suficientemente trabajado? ¿Cuál sería el ritmo más conveniente para mí?

Toda comparación es improcedente, pero tan sólo conocer tal referencia tornaba más compleja la circunstancia y hacía más tortuoso el avance con lo propio. Y uno “fuera de onda” con el resto del mundo; tratando de percibir sus vibraciones, sus móviles velados, los pretextos para que una persona tome tal o cuál decisión –que a la postre puede ser crucial, dado el caso-.

No es fácil seguir adelante en la concepción de historias; ni aun en las mías que parten del vínculo con alguna canción y que pueden llegar a tener al músico que la compuso como asidero. Hay días en que las palabras van surgiendo con lentitud. Es preciso no desesperarse e insistir.

Por fortuna, apareció mi admiradísima Patti Smith marcando la ruta: “Cualquier escritor o artista puede esperar ser aceptado por la gente. Yo he grabado discos que parece que no han sido escuchados por nadie, uno escribe libros de poesía que tal vez son leídos por 50 personas, pero uno sigue haciendo su trabajo porque tiene que hacerlo, porque es su vocación, pero es hermoso ser aceptada… no hagas compromisos, no te preocupes por hacer mucho dinero o por ser exitosa. Preocúpate por hacer un buen trabajo, tomar las decisiones correctas y protege tu obra. Y si creas un buen nombre, finalmente ese nombre será tu propia moneda”.

Un empujón adrenalínico para seguir tecleando y tramando historias. Los días pasaban y fue cuando se dio la noticia de que Ricardo Piglia obtenía el Premio Ciutat de Barcelona. También se dijo que el segundo volumen vendrá en Septiembre y que aparecieron 600 páginas de los borradores de “Respiración Artificial”, para muchos su obra clave (junto a “Plata quemada”). En lo personal tengo un gran respeto y afecto por “La ciudad ausente”.

Piglia es un autor tremendo; es capaz de entreverar los géneros y de mantener tensión y misterio entreverados con una erudición nada jactanciosa. Pese a todo, no faltan los críticos y las polémicas. Yo no puedo sino subrayar la grandeza de su obra y congratularme por un nuevo logro en una vida llena de reconocimientos de primer orden.

Se trata de un autor que ya en 1967 tenía bien perfilada la ruta: “Miro críticamente ciertas decisiones de mi vida que fueron tomadas en función del futuro de mi literatura. Por ejemplo, vivir sin nada, sin propiedades, sin nada material que me ate y me obligue. Para mí elegir es desechar, dejar de lado. Ese tipo de vida define mi estilo, despojado, veloz. Hay que tratar de ser rápido y estar dispuesto a dejar todo y escapar”.

Ricardo Piglia es una vorágine vuelta literatura; una perfecta maquina narrativa siempre en búsqueda de la perfección. No queda sino tratar de asimilar su literatura y sus ideas… y luego arrojarse al vacío del trabajo propio sin miramientos ni concesiones.

circozonico@hotmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.