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Las posibilidades del odio

¡Que arda la vida loca!

Juan Carlos Hidalgo

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A estas alturas de la historia, el punk puede ser interpretado de diversas formas y puede pervivir en distintos estratos sociales. Sería inexacto ubicarlo estrictamente entre las clases populares, dado que incluso ha desarrollado un vínculo con la mercadotecnia. Hay toda una vertiente vinculada a la tecnología que representa una beligerancia ilustrada a través de hackers y terroristas informáticos.

Pero también pueden existir burgueses que se sientan inconformes y resentidos con el sistema del que emanan, aunque en sus casas toquen carísimos vinilos de punk importado y publiquen en fanzines editados en el extranjero mientras residen en lujosas privadas. Así es D., el protagonista de la primera novela de quien fuera un destacado locutor de Ibero FM y que ahora se dedica a asuntos editoriales.

Lo interesante es que Un pequeño incendio (digamos, el de un cigarrillo) cuestiona los clichés y los cartabones; el joven adulto de esta historia trabaja en una revista dedicada a los millonarios y socialités, viene de una familia acomodada y mantiene con todo su mundo una intensa relación de amor-odio. Quisiera ser alguien distinto, pretende hacerse escritor, pero no deja de ser un tipo sumamente snob con pretensiones intelectuales.

Se nos ofrece una instantánea de cierta clase social, así como de sus tribulaciones. Tal pareciera una actualización hípster de la frase: “los ricos también lloran”, mientras se sienten alternativos y con la capacidad de crear una obra de arte de verdad. El mundo de D. se derrumba: odia su trabajo, su mujer resultó una zorra, le chocan el auto y amenazan con despedirlo. Anhela comenzar a escribir (¡ensayos!) pero los excesos no le dan tregua.

circozonico@hotmail.com





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