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Las posibilidades del odio

Periodismo musical en México: La mirada expansiva

Juan Carlos Hidalgo

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En una muy reciente entrevista ese inmenso músico argentino que es Daniel Melero apuntaba: “Ser artista no es una profesión. En general deberían desaparecer todas las profesiones, especialmente la de abogado”.

Él sabe cómo prender la mecha y sembrar bombas que en los días subsecuentes van explotando en el oyente; también me decía que los maestros suelen enseñar cosas que ya son viejas y cuando el alumno por fin sale a utilizar ese conocimiento ya es inútil; que esa es una manera de generar ignorancia. Por eso el presente debe enfrentarse con modelo que esté listo lo más inmediato.

Parecería una cantaleta repetida una y otra vez, pero nos encontramos cerrando un ciclo histórico y muchísimas cosas se están redefiniendo y no siempre para mejor. ¿Está preparado el periodismo para los nuevos modelos? ¿Hasta qué nivel la crisis económica habrá de zarandear a la dinámica del oficio?

Melero recordaba que la gente de la electrónica y el rock se sustentó a partir de inventar sitios concretos donde empezaba a generarse una verdadera red. En sentido contrario, hoy la apreciación de algo es a partir de un like. Señalaba que se trata de un verdadero dilema que es obligación del artista resolver.

¿Será la acumulación de likes el nuevo parámetro para el ejercicio del oficio? ¿Será que el contenido ha perdido importancia ante el impacto del mero titular y la provocación de un click inmediato? ¿Cuáles serán las estrategias posibles para desarrollar a un grupo de lectores y que se vaya incrementando progresivamente? ¿Qué tipo de consumidor nos interesa? Con seguridad, no uno que no se fije en el firmante de un texto.

Por otra parte, para nadie es desconocido el recorte presupuestal de parte de los medios tradicionales y la apuesta (o necesidad apremiante, según un contador) de dejar gran parte de las tareas en manos de becarios o empleados con breves contratos temporales. ¿El resultado? La semana pasada en un solo rato de navegar en 5 periódicos relevantes para Hispanoamérica en todos había graves errores ortográficos.

Esto ocurre en el diarismo, pero en ocasiones también impacta al periodismo musical; desafortunadamente cada vez más cercano a la sección de espectáculos que a la parte cultural. En el día a día, el periodista tiene que fungir de fotógrafo, editor y programador de su propio material. Cada vez hay menos filtros y etapas, por lo que es lógico que ocurran fallas. La conclusión de una etapa histórica se manifiesta en el cotidiano; no es más una especulación teórica sino una condición con la que hay que lidiar.

Enrique Blanc nos propuso abordar la diversidad de roles a la que recurrimos cierto tipo de profesionales. A bote pronto, perfilo que desde un principio la melomanía detonó un montón de cosas y poco después vino la vocación y el paso de la prensa al radio, la televisión y otras instancias. Me recuerdo en la preparatoria montando una especie de radio callejera que abarcaba una cuadra y de pronto ya estaba en Nueva York cubriendo el XV aniversario de la Red Bull Music Academy y colándome –literalmente- para estar en la charla que daría Brian Eno y para la que ya había vencido mi acreditación.

Solemos anteponer la pasión por la música y los discos como el detonador de muchas cosas –y en verdad lo son-, pero también es conveniente preguntarnos si la versatilidad no tiene que ver con las urgentes estrategias de supervivencia. Placer y necesidad en distintas proporciones.

Esta serie de ajustes o bruscos virajes ciertamente no son nuevos, pero si se hacen más pronunciados. Porque no deja de ser cuando menos triste que la New Musical Express deje de publicarse en papel y que el nivel de calidad de la prosa de muchos foros digitales se asemeje a las revistas del corazón y los tabloides sensacionalistas.

Ante la apremiante situación actual de los medios, como opción algunos hemos recurrido al desarrollo y fortalecimiento de una voz periodística muy personal, que aunada a la divulgación de la cultura musical y en general, pueda generar un capital importante de seguidores.

Siendo parte de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica encuentro que los miembros compartimos filias y fobias. Muchos amamos los impresos, desconfiamos de las modas efímeras y nos rehusamos a alentar los cotilleos triviales. Se trata pues de tratar de hacer contrapeso a las fake news y la post verdad, que también permean en el ámbito musical. Se llegan a publicar crónicas que consignan canciones que nunca se tocaron, por poner un ejemplo. A estas alturas es imposible engañar a los fans; más bien de lo que se trata es de acompañar sólidamente sus propias experiencias.

De alguna manera hay plumas que buscan contribuir a la pervivencia del periodismo como tal ante el alud del copy paste de los boletines corporativos (hechos más por gente de marketing y no de comunicación) y llenos de lugares comunes. O bien también están los profesionales que de verdad fungen como influencers.

¿Cómo capotean estas grandes figuras el fuerte vendaval que sacude los medios?

Para responderlo, seguí los pasos del francés Gilles Peterson, gran difusor de la música, especialmente de la no anglosajona, por el planeta entero; quien además de no dejar jamás de ejercer de Dj, plantea como enfrentar lo que supone un nuevo comienzo: “Este es un periodo en el cual, no importa en qué estés involucrado –comida, viaje, cultura y música–, la gente está empezando a buscar experiencias de alto nivel en todos esos aspectos, el lado altamente cualitativo de cada una de esas categorías… si puedes ser un maestro en lo que haces, siento que hay un gran beneficio en ello, porque hay amplio espacio para hacerse notar”. Peterson sugiere decantarse por el conocimiento y la especialización… encontrar ahí la zona de oportunidad.

En el caso de la revista Marvin, la estrategia editorial ha sido cobijar textos en los que el escritor esté involucrado íntimamente -poco o nada de distancia con el objeto artístico-. Ahí se ha apelado por una nueva subjetividad y sentimentalidad –algo muy en boga en la poesía joven-. ¿Hasta dónde llegarán sus alcances? Ya se verá. Se busca ofrecer al público joven experiencias completas; por eso es que va tan aparejada a la existencia del Festival y los contenidos digitales.

El panorama se desdobla en la misma medida que la economía y las ofertas laborales se contraen. No queda sino apostar por ganar esa probidad de parte de los seguidores; una credibilidad y confianza a partir de tus ideas, posicionamientos y elecciones. Además, de aferrarse a las bases, como lo recomienda Peterson: “Escuchar música con locura. Eso es algo que no puedes eludir si haces lo que yo hago para vivir. Siempre he equilibrado el manejo de sellos discográficos, la producción de discos, la producción de programas de radio con la curaduría de eventos y con la presentación de discos en vivo en clubes y discotecas, dos o tres veces por semana. De esa manera estoy siempre conectado con la experiencia básica y simple de compartir música”.

Nota.- Ponencia preparada para el Encuentro de Periodismo Musical, organizado por la Feria Internacional de la Música Profesional (FIMPRO 2018), que se llevó a cabo en Guadalajara del 24 al 26 de Mayo.

circozonico@hotmail.com

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