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Lunes , 17.12.2018 / 07:41 Hoy

Las posibilidades del odio

La pasión mundialista a punta de canciones (segundo tiempo)

Juan Carlos Hidalgo

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Quisiera uno creer que nos encontramos ante un Mundial de futbol que marca el comienzo de otra era; que el selecto grupo de seleccionados finalistas se ampliará y que el orden mundial del balompié también habrá de modificarse. Tal pareciera que el esquema de una competición más globalizada rinde sus frutos y que ya no estamos delante de un deporte en el que no valen los grandes esfuerzos, dado que al final siempre termina ganando Alemania.

Al concluir la primera ronda y llevar buena parte de la siguiente podemos pensar que cada vez se hace más válido aquello de: “nadie te va a regalar nada”. No sirve pararse en la cancha a presumir una camiseta de abolengo o a pensar que un milagro vendrá del cielo a meter el balón. Se aprecia que se requiere un esfuerzo permanente, nuevas y mejores estrategias colectivas que surjan de mucho estudio previo y desarrollo de estrategias. Croacia anticipó que incluso les sería más fácil con Argentina que frente a Islandia; a cada uno lo analizó al detalle y de ahí trazó su plan de acción. Al menos eso también debemos reconocerlo en Juan “Cambios” Osorio… y le resultó y nos calló la boca. Al momento, paladeamos la victoria contra Corea del sur, en un partido muy sólido y sobrio casi hasta el final (con todo y la necedad de meter a una Rafa Márquez al que ya no le dan las piernas).

Rusia 2018 transcurre y, por fortuna, han desaparecido los cero a cero y los encuentros soporíferos, salvo cuando aparece Uruguay sobre el terreno de juego. Lástima que el vistoso despliegue peruano no sirvió y están fuera –pueden irse en paz-. El Mundial conserva su encanto y me mantiene aprovechando los lapsos entre partido y partido vinculando canciones con los equipos, su estilo de juego y sus resultados.

De hecho, en la pasada entrega evité pronunciarme ante el México vs Alemania por cábala… y resultó. ¡Se hizo el milagro! Algunos de mis lectores me preguntaron qué artista habría elegido para conectarlo con la selección nacional. ¡He ahí un gran reto! Aunque algo de plan con maña existía porque ya había previsto que necesitaba tener opciones (Café Tacuba pasó por mi mente, pero urge renovar escenarios). Al final, considero que se requería de una combinación más avanzada entre la herencia prehispánica y el reflejo de una contemporaneidad innegable e inevitable. ¿Quién puede representar tal concepto?

“Cuxillo” es una pieza en la que el folklore es asimilado con suma inteligencia, sofisticación y fineza; suena a un producto artístico mexicano de total actualidad. De hecho, arranca con una flauta prehispánica muy identificable antes de que rompa la batería y venga una línea de sintetizador que lo amalgama con el presente intensamente.

Porter, banda de Guadalajara, ya había dejado en claro desde Moctezuma –su álbum del 2015- que puede asimilar a la tradición autóctona mexicana y filtrarla a través de una concepción creativa y hasta futurista del rock. “Cuxillo” sigue sobre esa ruta y anticipa el círculo eterno de los cambios: “Sabe la luna que han cambiado las mareas”. “Cuxillo” y Porter representan la estética sonora de un nuevo México… esperemos que la selección prosiga tal proceso.

Algo similar podemos decir del equipo nigeriano, que el pasado viernes 22 acabó con el sueño islandés. África busca catapultarse hacia el progreso sin despreciar su acervo ancestral. Los cambios cada vez se dan más pronto. Por ejemplo, Femi Kuti no rehuyó a la responsabilidad de engrandecer y renovar al afrobeat que heredó de su padre, el inmenso Fela Kuti.

Basta con dar play al track que da nombre a su último disco –muy reciente-; “One people One world” preserva un mensaje original de paz y concordia, mientras moderniza el sonido y desde la fuente original lo coloca en el panorama internacional. Femi encontró la manera de enriquecer un tesoro musical de absoluto lustre y fascinación. África del siglo XXI que se despliega en música y futbol.

Y el relevo generacional se extiende; la mañana del sábado presenciamos uno de los partidos más vibrantes de lo que va del mundial. Confiamos desde mucho antes de iniciar en que Bélgica desplegaría su arte e hiciera gala de su enorme potencial futbolístico. Contra Túnez utilizó tan sólo una parte y por eso es que todavía puede jugar mejor. Casi sin despeinarse se impuso al ritmo de 5 x 2.

Pero alabemos también a los tunecinos y su desparpajo y alegría… a su descaro y atrevimiento aunado a un crecimiento técnico y táctico. Fueron al frente con la intención de encontrar algo y sabiendo que podían recibir mucho castigo. Apostaron y con gallardía perdieron, dejando un gratísimo sabor de boca (similar al de Perú).

Para resumir Bélgica ante Túnez nada mejor que “Mon Ami La Rose”, uno de los temas más conocidos de la diva del etno-tecno que es Natacha Atlas. Ella encarna mucho de la Europa contemporánea; su padre es egipcio, su madre inglesa y ella nace en Bruselas. Musicalmente, se remonta a la cultura del Magreb (el norte africano árabe), región a la que Túnez también pertenece. De hecho, en Diaspora, su disco debut, colabora con el cantante tunecino Walid Rouissi –una conexión más-.

El mediodía sabatino de Mundial nos permite seguir regodeándonos en esa idea de renovación, pero sigue latente la posibilidad de que Alemania y Argentina se recuperen (la segunda con muy pocas posibilidades). ¿Será que el futbol anteceda a procesos que deberíamos ver en otros escenarios? ¿Es viable y posible una transformación positiva? Senegal también nos ha hecho creer y esperanzarnos. Por su parte, una Suiza absolutamente multicultural ha sido ejemplo de gallardía y perseverancia, pero también de muy buenos haceres.

Para nadie es ajeno que un elemento clave para el crecimiento del equipo mexicano proviene del fogueo obtenido jugando fuera del país. Varios jugadores provienen de anteriores procesos ganadores, pero señalemos que insertarse en otros modelos sociales les da otra visión de la vida. Entender de una manera distinta las cosas y el modo en que funcionan se refleja en la personalidad canchera. En las ligas europeas se debe dejar hasta el último aliento para ganar un punto y el más débil –mentalmente en muchos casos- es el que termina pagando. México tiene un entorno más que propicio para la derrota y el fracaso; sobreponerse a él representa una tarea titánica. Por supuesto que el temple psicológico resulta fundamental.

México ha ganado dos partidos en línea; ante Alemania ha realizado una hazaña histórica y contra Corea cumplió con una responsabilidad adquirida antes de comenzar el certamen. Reitero que no hay que creernos en el quinto o sexto partido. La caída podría ser muy dolorosa. Mientras tanto es evidente que se perciben señales de cambio.

En este momento tengo la certeza de que también hubiera podido elegir a Nortec o Sonido Gallo Negro para representar el aliento de la actual Selección Nacional de Futbol. Y cada uno estaría muy justificado. Ya veremos lo que pasa más adelante, mientras tanto recordemos lo que bien señaló el enorme escritor Alfonso Reyes: “Para ser orgullosamente nacionalistas, antes hay que ser gozosamente universales”.

circozonico@hotmail.com

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