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Viernes , 19.10.2018 / 12:54 Hoy

Las posibilidades del odio

Javier Corcobado, arte, sangre y cielo en Pachuca

Juan Carlos Hidalgo

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Una bota llena de aguardiente/escupe a los zapatos con tridentes. Hoy es el día de tu no cumpleaños/ Alicia y el conejo se acostarán. Hoy es el día de tu no cumpleaños/ El sombrerero loco te encontrará”.

Tal era una de las estrofas de una canción desconcertante, sucia, garagera… un baño de post-punk sobrecogedor. ¡Y en español! Mi primer encuentro con Mar otra vez fue en cassette y un hallazgo del Tianguis del Chopo. Hoy pesa como una losa que fuera un álbum editado en 1987 –yo debo haberlo descubierto un poco después-. Algún Paté Venenoso fue mi puerta de entrada hacia la música de Javier Corcobado. Recuerdo que llegó a sonar en El chiringuito, el programa de rock español de Rock 101.

De alguna manera siempre tendemos a vincular los proyectos hispanoparlantes con ciertos referentes anglosajones. Así que aquella música áspera, ruda, chirriante, me remontaba a lo que hacían por la misma época Crime and the City Solution, Nick Cave y un poco a Einsturzende Neubate. Imaginería surrealista, violencia contenida, estructuras sinuosas que se interrumpían abruptamente. En suma, un sonido en contrasentido a la tendencia más comercial y light (¡Los ochenta eran una fiesta multicolor y esto era de negro riguroso!).

A su periodo (que se concentró en 1988 y poco más) con Demonios tus ojos no le presté la atención debida hasta mucho después; De inmediato, el nacido en Frankfurt, Alemania, en 1963, nos sedujo con Agrio beso (1989), su debut en solitario. En el que había menos ruido y surgía esa faceta de crooner que desde entonces le acompaña y muchísimos asocian con ese halo de malditud –al estilo Rimbaud y Baudelaire-.

Aquel vinilo abría con la memorable canción “Desde tu herida”, que hasta el día de hoy flota en la memoria: “Una gota de miel/ viene desde tu herida hacia mi boca. Y parece que el polvo coagula en la suerte y las uñas rotas/ de arañar silencios y un grito blanco/ muere en mi boca”. En total 9 temas, de entre los cuáles también se hicieron imperecederos “Nieve roja”, “Puerta de amor” y “Sangre de perro” –más estridente-.

Entre 1991 a 1995 mantuvo en activo el grupo Corcobado y Los Chatarreros de Sangre y Cielo con los que grabaría 4 álbumes; curiosamente, me quedó con los nones: Tormenta de tormento (1991) y Arco iris de lágrimas (1995). Este último conformado por 14 cortes de entre los que destacó “Déjame ver tu lado débil”, “Si tú no me quieres”, “Yo seré tu cáncer” (que influyó en mi trabajo de creación poética) y, especialmente, “Carta al cielo”; una vez más con una letra absolutamente llegadora: “Querido cielo, las alas nievan/ rosando el aguardiente del amor/ Querido cielo, el crepúsculo anuncia/ lo quirúrgico de tu silencio. Y mírame cuando ya no pueda más/ trae la señal definitiva/ un arcoíris atravesando/ la sombra de un corazón”.

Recuerdo que también sonó en algunos de los programas radiofónicos que realizamos como Producciones Antiestáticas. En ellos siempre apostamos por una enorme diversidad musical y encontramos la manera de dosificar esa parte de dark –que siempre hace falta- en plena ebullición del grunge, pero también del exabrupto de la electrónica.

Quizá ahora me gané una elipsis llena de nostalgia, pero considero que Corcobado se convirtió muy pronto en una figura de culto; siempre lo respetamos… nos atraían esas composiciones de un romanticismo lóbrego por instantes y de una malignidad arrebata en otros momentos. Siempre le dio una importancia fundamental al manejo de lenguaje y a las letras. Desde que lo conocimos tuvimos en claro que musicalizaba poemas, incluso mucho antes de tener en las manos alguno de sus libros.

El primero al que pude acceder fue a El sudor de la pistola 13 (un poemario publicado en 1996); a través de los años, Corcobado ha sostenido que posee muchos más matices que aquellos que pueden vincularse con lo dark o gótico y es cierto, pero tampoco es para que niegue lo que es una evidencia; para ello retomemos un fragmento del poema que le dio nombre: “Y los hombres se suicidan/ con una pistola en la sien. Y las mujeres con un secador/ en el agua de la bañera. Y los niños con el filo de un gastado caramelo/ hacia las venas, y a los amantes les nieva”.

He querido hacer esta especie de recuerdo personal dada la cercanía de la primera visita del español a Pachuca. El próximo 20 de abril estará tocando en Cabaña La Reforma (en lo alto del cerro de Santiago Calabazas) y será una oportunidad única para que el público local pueda atestiguar las interpretaciones de un artista que puede ser telúrico en un instante y luego tan sutil, como una pluma que se equilibra sobre el filo de una daga.

Por fin se logrará que pase por la ciudad un artista que desde hace muchísimos años cultiva una relación muy directa con México; reside aquí por largas temporadas y graba en estudios nacionales varios de sus discos. Durante un buen lapso el bajista de San Pascualito Rey formó parte de su banda de apoyo. Corcobado ha dicho que mientras que en España los conciertos son más intelectuales, acá son más bien salvajes.

Entonces cruzaré los dedos para que toque en estas tierras “Secuestraré al amor”, un tema de Fotografiando al corazón, un álbum del 2003, y que una vez más posee una mixtura de romanticismo y nocturnidad: “Secuestrare al amor/para que nunca escape/ y así estarás conmigo/ hasta que el tiempo acabe”.

Javier Corcobado es uno de esos creadores al estilo renacentista, es decir, varias disciplinas se le dan bien. Como poeta tiene varios libros, pero sólo ha publicado una novela que me parece también es notable. El amor no está en el tiempo (2005) aborda inicialmente a una familia en estado de descomposición y deviene en un thriller conducido por el deseo de venganza. En este ejercicio narrativo es fiel a sus temáticas y estéticas.

Podemos especular que en su ya cercana actuación (de la que todavía quedan boletos) repasará material de Mujer y Victoria, su Lp más reciente y editado en 2016. Y tampoco faltarán sus inflamables versiones. De hecho, lo último que ha puesto en circulación (en octubre del 2017) son dos de sus adaptaciones –tremendas- de “Un mundo raro” y “Extraños en la noche”; algo que ha venido haciendo desde sus dos lejanos volúmenes de Boleros enfermos de amor (1993 y 1996). Suele ir insertando sus deconstrucciones de temas ajenos; de hecho, su tema más escuchado en Spotify es “Te estoy queriendo tanto”, una maravilla de Manuel Alejandro que encumbrara Raphael.

Cierro este vistazo periférico alrededor de Corcobado, citando una opinión al respecto de su obra vertida durante la promoción de A nadie, disco que contiene la canción del mismo nombre y que él considera uno de sus hallazgos más notables. No olvidemos que se trata de un artista que lleva más de 30 años en la brega: “Mi rabia sale con la poesía y música en perfecto coito; está en todos mis discos y en todas mis canciones. Busca y encontrarás. Una canción no se puede juzgar o criticar tras sólo una escucha. Mi intención es componer obras que perduren. Todo lo violento que puedo llegar a ser lo hallarás en mi música”.

El Javier Corcobado con el que hablo de A nadie (Pias), su nuevo álbum,

circozonico@hotmail.com

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