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Sábado , 26.05.2018 / 07:48 Hoy

Las posibilidades del odio

El tiempo del rock no ha transcurrido

Juan Carlos Hidalgo

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En los últimos meses no me he podido quitar de encima una frase del rockero poblano Iván García; me parece una imagen muy lograda y contundente de lo que debe ser una canción para estos tiempos: “Si viviera Arthur Rimbaud se calzaría una Telecaster”. Forma parte de “Soundtrack para una cinta de terror”. Y no puedo negar que la pieza entera me entusiasma, me inyecta energía para seguir creyendo en un género –o una entelequia- a la que han asesinado y matado en incontables ocasiones.

Escribo esto emocionado por la aparición de “Duele”, el nuevo sencillo de los tapatíos Baltazar –la nueva joya del rock mexicano- y encuentro una estética absolutamente contemporánea; hay una base rítmica poderosa, secuencias y atmósferas, a fin de cuentas, pop electrónico que también es oscuro. Con ellos la música se proyecta al futuro con valentía y capacidad de reinvención. ¿De verdad hace falta que alguien se pregunte hasta el hartazgo si es rock o no es rock?

Me interesa también promulgar a los 4 vientos que Paulo Piña, nacido en La Paz, Baja California sur y asentado en Jalapa, es un compositor extraordinario. Canciones como “Edificios” y “La teoría de la sandía” deberían de haberlo llevado a ocupar un nicho muy cercano al que ocupan Los bunkers, procedentes de Chile y asentados en nuestro país. Pero en el arte no existe la justicia y muchos factores se atraviesan para que unos pocos se consagren y otros queden en la dispersión de los grandes esfuerzos.

Así es la historia de la cultura y el arte, y en ella cabe la idea del relevo generacional –lo que llegará tarde o temprano-, pero para ello hace falta que diversos agentes se involucren: managers, agencias, disqueras, medios y los propios artistas. Convencido de ello, he tenido la fortuna de que me invitaran del Lunario del Auditorio Nacional (¡Gracias Francisco Serrano!) para que diseñara la programación de un Festival orientado a dar un empujón al talento emergente de la provincia mexicana y coadyuvar a ampliar la baraja de lo que se presenta en la mayoría de eventos de esta naturaleza.

De tal suerte que pasaría al escenario lo que en primer lugar fue un especial de la revista Tierra Adentro, publicado en Mayo de 2015. De las 34 propuestas nos decantamos en 16, que incluyen 3 que no venían en la edición original, ya que la dinámica no se detiene. ¡Y no faltó quien consideraba descabellada e irrealizable la tarea! Se pudo un Mapa sonoro del rock mexicano reciente, y por supuesto se podría una versión nueva en 2016 y así sucesivamente.

Me convencen las bandas que se presentarán y me abraza la experiencia sensible que la música provoca. Si no sintiera esta pasión no seguirá ahí… empujando lo que va surgiendo, privilegiando el nervio y riesgo de lo nobel antes que la seguridad de la veteranía. ¡Qué más da si no todos llegan! ¡Que cada uno escriba su historia! Vamos juntos en la vorágine de la invención –cada uno desde su trinchera-.

Y es que son ya más de 3 décadas metido en tal ruleta rusa –desde la provincia inconmovible-, por eso es que se me cruzan las emociones. Recuerdo con gran calidez la aparición de “Tiempo Transcurrido (Crónicas imaginarias)”, ese clásico inmediato de Juan Villoro que cumple precisamente 30 años de su aparición y que ahora se está presentando como un concierto de textos musicalizados y que se presentara en el Teatro Gota de Plata mañana lunes 18. Mucho ha transcurrido desde las visitas de Johnny Winter, Billy Bragg, Radiohead, Dorian y Los planetas; y eso que ahí no se agota nuestra tuza tradición rockera.

Aquel libro es iniciático, fundamental; hasta quiero entender que sin su lectura no seguiría en estas lides y no me habría atrevido siquiera a escribir en forma. En esos textos –a ritmo de uno por año de 1968 a 1985- están plasmadas instantáneas del ser y estar al interior del rock mexicano. No era nada sencillo hacerse el punk o el glam en una provincia rascuache y conservadora. ¡Y eso que en el libro sólo que se cuentan pasajes capitalinos! Caifanes detuvo el tráfico de la Avenida Madero –por su look- en su primera visita a Pachuca.

Celebro entonces la visita de Juan Villoro y su espectáculo Mientras nos dure el veinte y se antoja citar un texto de El anaquel -Blog literario- sobre tal obra:

“Una de las lecciones que José Agustín legó fue la idea de que otra literatura, más allá de la Revolución, era posible. Contestataria y, por ende, cercana a la juventud y el rock, la onda significó también un impulso fresco al lenguaje, liberado del anquilosamiento del canon literario. Tiempo transcurrido (crónicas imaginarias) de Juan Villoro es, en este sentido, un agradecimiento a José Agustín –recordemos que, a los quince años, Villoro leería De perfil de Agustín, del que diría después: “no he vuelto a leer el libro que decidió mi vocación, pero no he perdido un detalle de su copioso mundo”–. En el “Rescate Temporal”, prólogo del libro, Villoro apunta:

-Algo parecido sucedió con el rock. A los doce años me enteré de una noticia que me dejó estupefacto: estábamos entrando a la era de Acuario. El rock era tan inquietante y lejano como el movimiento estudiantil. Habíamos llegado tarde a los Grandes Acontecimientos. Debutamos en el kinder mientras Dylan debutaba en el festival de Newport. Tiempo transcurrido es una manera de cobrar venganza, de rescatar sucesos no vividos, de inventar el pasado”.

Y si, el tiempo del rock no ha transcurrido; este sigue siendo su momento y su era.

circozonico@hotmail.com

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