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Sábado , 22.09.2018 / 09:14 Hoy

Las posibilidades del odio

El rock y su laberinto temporal

Juan Carlos Hidalgo

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Hay temas que subsisten y resisten… y a los que hay que regresar eventualmente. Pero esta vez la culpa la tiene el nuevo disco de Blondie. Tengo en mi poder Pollinator al completo y Debbie Harry por supuesto que luce espléndida cantando –tal como es ella-, pero el torrente de emoción lo tienen especialmente las guitarras de las tres primeras canciones del disco. “Doom of Destiny” (donde colabora Joan Jett), “Long Time” y “Already Naked” me hacen pensar en esa capacidad y cualidad que tiene el rock para conservarse sempiternamente joven.

Y no es que Chris Stein descubra el hilo negro (con el complemento de Tommy Kessler), pero las guitarras suenan vibrantes y poderosas… con la dosis justa de creatividad para ese entramado de pop rock que algún “experto” millenial que remitió el disco aun considera –osada y tontamente- New Wave. Este rock hace que no importe de verdad la edad de los músicos, que la propuesta no busque rondar la vanguardia, que lo que prevalezca sea el brillo y plenitud de las buenas canciones de rock… y ello ya no es poco para denotar en esta época.

Pero una buena caminata matutina en la que degusto la llegada de Blondie antes de su lanzamiento comercial, también tiene otro as bajo la manga –o más bien en el iPod-; ha arribado también No shape, la nueva entrega del proyecto unipersonal de Mike Hadreas llamado Perfume Genius. Creía que el músico nacido en Seattle era más joven –es un traga años- pero en realidad nació en 1981 –que tampoco lo hace muy mayor-. Este compositor sobradamente dramático y triste había anticipado que subiría la intensidad en su siguiente álbum y al menos en “Slip Away” –el track número 2- lo ha cumplido. Hay más capas de sintetizador y un modo de cantar más explosivo.

A Perfume Genius se le considera ejecutante de un pop de cámara que posee tintes electrónicos. Cierto, pertenece al mundo indie, pero no puede decirse que esté vinculado al concepto tradicional de rock. Al menos, no musicalmente. Por eso hay que volver al asunto del rock atrapado en su laberinto temporal.

Ya se sabe que alguien que especuló con gran asertividad y sabiduría fue, nada menos, que Hendrix. El sublime guitarrista zurdo dejó en claro que el rock se trata de un instante, de un momento, de algo similar al duende flamenco que se puede tener o no tener en un determinado instante. Que está íntimamente ligado a la manera de acercarse a la música y las intenciones que se tengan. Todo ello y otros tantos elementos es lo que le dan veracidad y probidad o lo vuelven un mero decorado teatral –plano y hueco en realidad-.

El pensamiento del creador de Are you Experienced? (1967) me sirve para especular porque “Maria” me pareció en su momento una canción intrascendente que no contiene nada de instinto “rock”. Todo lo contrario a lo que le ocurre a Blondie en Pollinator y que también surge inesperadamente en “Slip Away” de Perfume Genius aunque en términos de géneros musicales no tenga que ver con el canon rockero. ¿Se puede estar haciendo rock mientras se toca otra clase de música? Absolutamente, sí.

Pero no necesariamente Hendrix es la única vertiente de análisis. En este asunto de tratar de especular acerca de la esencia temporal del rock existen múltiples senderos muy interesantes y uno de ellos lo ha construido el académico británico Simon Frith y su libro Ritos de la interpretación. Sobre el valor de la música popular, pues se trata de un autor que también ha sido periodista y que conduce al influyente Mercury Prize. Durante la gira de presentación de ese estupendo libro, publicado por Paidós en Argentina, Mauro Libertella, del diario Clarín, planteó las cosas de la siguiente manera:

–¿Cómo ha cambiado la importancia social del rock en los últimos 20 o 30 años?

–“Simplemente envejeció (y no hablo solamente de su audiencia): es ahora una forma más bien vieja de la música (en algún momento fue nueva) y que está en el centro del sistema comercial de la música (en algún momento estuvo en los márgenes). Esos dos cambios lo dicen todo”.

Por su parte, Martín Lojo para La Nación también ofrece otra perspectiva candente y reflexiva (incluyendo aportación de Frith): “La música hace del sonido una forma inteligible pero a la vez, por su intensidad sensible, trasciende el contexto social que la produjo y permite al que la escucha apropiarse de su sentido, transformarlo y transformarse en ese proceso: “Una identidad es siempre un ideal, aquello que nos gustaría ser, no lo que se es. Al gozar de la música negra, gay o hecha por mujeres, no me identifico como negro, gay o mujer, sino que más bien participo de formas imaginarias de democracia y deseo, formas imaginarias de lo social y lo sexual”. La propuesta de “estética popular” de Ritos de la interpretación define así su dimensión utópica: la música como una experiencia capaz de crear una “ficción de comunidad”, donde las diferencias pueden ser trascendidas en la medida en que encuentran los sonidos que las expresan”.

Esto del rock… su pasado, presente y futuro hace posible una digresión muy sabrosa. Siempre me ha parecido más importante la aparición de una larga serie de interrogantes sin respuesta concluyente, que llegar a axiomas inapelables. En este sentido vale la pena retomar una nota de septiembre del año pasado, cuando el gran Greil Marcus, legendario crítico de rock y autor de Rastros de carmín, pasó por el MACBA barcelonés para visitar una exposición que revisa la influencia del punk en el arte contemporáneo.

A su encuentro acudió Javier Blánquez y de ahí sacó importantes apuntes: “Acontecimientos de este tipo, que pueden parecer anecdóticos pero que quizá oculten el comienzo de una revolución futura, son los que llevan a Greil Marcus a comprender el punk como algo más que una explosión de rabia coyuntural. “En su último libro, John Lydon dice que los Sex Pistols fueron: “una transmisión imparable de pensamientos”. Antes que el caos o la violencia, pone en valor las ideas. El punk es, sobre todo, una experiencia intelectual, y a partir de las ideas se desencadenan la agresividad, el miedo, el caos, la alegría y las paradojas”.

El rock implica un momento específico –el contexto según Frith-, pero también una experiencia estética e intelectual… una danza de ideas. A veces surge y en muchas ocasiones se niega a aparecer. Mientras prosigue esta irresoluble polémica tanto académica como cantinera dejo que suenen “Love Level” de Blondie, “Me gusta tu manera” del nuevecito de Cafe Tacvba, “Ondas gravitacionales” de Karen Koltrane y “Efímera” de Love of Lesbian… cada una me hace sentir el rock, pueden ser rock y lo son… If you want it.

circozonico@hotmail.com

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