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Lunes , 24.09.2018 / 07:18 Hoy

Las posibilidades del odio

El regalo de Gabriel (dado por David Bowie)

Juan Carlos Hidalgo

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“The must be some way outta here –cantó-. Ésta era mi única pretensión –dijo papá-. Crear un sonido como éste que la gente escuchase treinta años después. Tal vez a ti te parezca una pretensión ingenua. Quizá todos mitificamos en exceso la música pop y a sus detalles, y nos negamos a ver que había otras cosas interesantes”.

En un pub londinense suena “All Along The Watchtower”, en la versión de Hendrix. Y quien la admira es Rex, un guitarrista formidable apasionado por el R&B y que en el pasado tocara el bajo en la banda de David Bowie, durante el periodo del glam. Aquí Ziggy Stardust es llamado Lester Jones y será una pieza clave en una novela sobre padres e hijos, pero también sobre el fracaso y la recomposición de las personas.

Durante una gira en la que “El camaleón caleidoscópico” se encontraba en el pináculo de la fama, Rex usaba botas de tacón altísimo y en un momento dado tropezó en el escenario. ¿El resultado? Fractura. Pero el show debía –y debe- seguir. El músico es sustituido, y ello establece el principio de una estrepitosa caída existencial y profesional que lo llevará hasta el ostracismo.

El regalo de Gabriel, novela de Hanif Kureishi, arranca muchos años después de aquella gloria temporal. Ahora Rex tiene un hijo de 15 años, que es muy brillante y tiene la intención de arrancar como cineasta muy pronto y además es un excelente dibujante. Su pareja, y madre de Gabriel, fue vestuarista durante los años de lentejuelas, estolas y pantalones acampanados. Se engancharon cuando Rex rozaba el Olimpo del rock and roll y antes de que se diera esa estrepitosa caída –física y emocional-.

La familia arrastra además la muerte de Archie, hermano gemelo de Gabriel. El niño murió a causa de una meningitis cuando tenía dos años y ello representó un golpe tremendo para los padres. La mujer terminó devastada y teniendo que ser atascada de pastillas. Los intentos por superar aquello han tenido un éxito menos que relativo. Rex se instala cómodamente entre el fracaso y la mediocridad –no trabaja-, mientras su mujer se desespera al ver como la familia se hunde y el dinero escasea. Entonces tiene que provocar un punto de inflexión: decide separarse de Rex y lo obliga a irse de la casa.

El músico acaba en una pocilga y sin ideas, mientras su hijo acarrea problemas escolares y apenas se acostumbra a la presencia de una Nana traída de Europa del Este y que apenas habla inglés. La madre entra a trabajar de mesera y está dispuesta a asumir una vida de juergas y nuevos romances. Se trata pues de un escenario de total actualidad más allá que este libro tenga a un Londres a finales del siglo XX en plena ebullición detrás.

Aquí es donde entra David Bowie-Lester Jones. Padre e hijo reciben una llamada en la que el rockstar les conmina a hacerle una visita. Rex alberga esperanzas de que lo quiera de regreso en el grupo de acompañamiento. ¿El resultado? La leyenda trabaja en su autobiografía y lo que desea es un poco de ayuda de parte de su ex – músico y amigo. Termina por dejarlo escuchar su nuevo disco y pone más interés en su hijo. Conversan acerca de las artes plásticas y al final le regala uno de sus dibujos –dedicado a Gabriel-.

Aquella obra desata la voracidad económica de los padres y Gabriel ve como cada uno pretende sacar la mayor raja posible de su venta. El chico utiliza sus capacidades artísticas para hacer dos copias idénticas y así dejar satisfecho a cada uno de sus padres. Rex es quién hace la primera jugada: vende su dibujo –pensando que es el original- a Speedy, un viejo amigo, restaurantero y coleccionista de memorabilia rockera. Una visita posterior y una recomendación de ese fan convertido en empresario habrá de llevar al guitarrista hacia un auténtico renacimiento, pero no tocando en un grupo, sino impartiendo clases a chicos millonarios. Mientras tanto Gabriel tendrá que ponerse en acción para recuperar la copia vendida y colocada en el restaurante antes de que su madre entré a trabajar ahí y se dé cuenta del engaño. A fin de cuentas, el circuito de gente vinculado al pasado del rock desde sus entrañas está muy interconectado en Londres.

A continuación, cada persona encontrará un nuevo rol que permitirá que la familia se recomponga. Cierto, se trata de una novela cuya naturaleza es 100% cinematográfica y con final feliz. Es por ello que encuentro también interesante repasar ese cameo de “El duque blanco”, ya que en el momento de su publicación (2002, en la versión en español a cargo de Editorial Anagrama), el artista se encontraba con vida y en plenitud creativa.

Ese análisis está plasmado en el texto Nuevo retrato del artista adolescente, escrito por la periodista española Sara Martín, cuando el autor inglés de origen paquistaní pasó por Barcelona para presentar dicho libro: “Según explicó Kureishi, el punto de partida de El regalo de Gabriel fue la intención de escribir sobre un joven que corre el riesgo de enloquecer al no poder expresarse como artista - en parte un autorretrato adolescente - y que se encuentra con la necesidad de plantar los pies sobre la tierra para que sus padres recuperen la felicidad perdida y así poder recobrar su propia cordura. En el fondo, la relación ente Gabriel y sus fracasados padres (él fue un guitarrista notable y ella una diseñadora de moda bastante valorada en la época del glam rock) es una reflexión muy interesante sobre el talento y el egoísmo del artista triunfador – encarnado por Lester Jones, mega-estrella musical basada en David Bowie -y sobre la figura del perdedor, en este caso la persona que, como Rex y Christine, vive un corto momento de gloria como secundario en la carrera de alguien mucho más importante, experiencia agridulce que acaba condicionando el resto de su insatisfactoria vida-.

La presencia de Jones/Bowie no es ni accidental ni anecdótica. De hecho, el tono juvenil de El regalo de Gabriel tiene mucho que ver con el hecho de que en un momento dado Bowie, muy admirado por Kureishi, le pidió a éste colaborar en un libro para niños que el propio Bowie ilustraría. El libro se convirtió en novela adulta sin ilustraciones y Bowie acabó en sus páginas transmutado en Lester Jones. Su papel es menor y al mismo tiempo crucial: en una estupenda escena Jones le descubre a Gabriel, como si fuera su hada madrina (o mago padrino…), los singulares dones que el chico posee y le regala en homenaje a estos dones un dibujo original que inmediatamente despierta la codicia de sus empobrecidos padres. Para contentar a uno y a otro, a Gabriel no se le ocurre otra cosa que producir copias de la obra de Jones, algo que le causa numerosos problemas narrados con gran sentido del humor”.

Una novela de redención en un universo del rock. Nada mal, cuando se sabe de sobra que la suerte está echada.

circozonico@hotmail.com

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