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Sábado , 15.12.2018 / 13:16 Hoy

Las posibilidades del odio

Daniel Melero: seducción, ciencia y exploración sonora

Juan Carlos Hidalgo

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“Alguien me ha dicho que la soledad… se esconde tras tus ojos”. Una frase que flota en el éter de los escuchas latinoamericanos –el dominio público que le llaman-. Pero la historia suele ser caprichosa e injusta. No es una canción que haya compuesto Gustavo Cerati para Soda Stereo; en un tema original de un músico que se ha hecho de culto, junto con su banda seminal Los encargados, con quien grabara “Trátame suavemente”.

El pasado fin de semana parecía que se saldaba una cita con una leyenda del rock y la electrónica en Latinoamérica. Melero estaba programado en el Festival Marvin (sábado 19) y prácticamente tenía cerrada una fecha en Pachuca un par de días antes (el jueves 17 en la Rata Roja). Lamentablemente, un problema familiar canceló la gira y nos dejó sin escuchar algo del Colores santos (1992) –ese mítico disco junto a Gustavo Adrián-, pero también sin el estreno en directo del material que conforma Cristales del tiempo, el disco que en México le ha editado la revista Círculo Mixup.

En compensación, nos quedan las palabras vertidas durante una larga charla que se dio en las semanas previas a esa esperada visita a México. El músico vendría a mostrar sus nuevas historias inspiradas en el explorador inglés Shackleton, en el guante perdido de un astronauta durante la llegada a la luna y otros aspectos de la ciencia que hoy alimentan su proceso compositivo. Tan es así que dedicó una canción al “Cristal”, un fascinante elemento del reino mineral, y que nos permitió encauzar la charla.

Es un universo del recuerdo de la música prácticamente… juega mucho con el título del disco por la conducta que tienen los Cristales de tiempo. El espacio-tiempo. El tema se estira, se alarga, se achica, es muy plástico. Yo te diría que es de terracota, un material que lo alargas o comprimes, pero sigue siendo atractivo siempre.

En general, el disco tiene un halo muy ambient que lo recorre; ¿es importante para usted que el escucha se sienta al interior de ciertos paisajes sonoros o formando parte de lo que se cuenta en determinados temas?

Comprendo que el modo de escuchar actual de la mayoría de las personas sea poner canciones individuales, hacer playlist de distintas cosas, pero yo no tengo esa costumbre con la música que escucho de otros; prefiero escuchar discos completos, aunque sean una colección de sencillos. Pero mi desarrollo en este disco fue tratar de crear cierta seducción, porque mi música no tiene intención de conquista -no soy un conquistador-, pero sí está la intención de seducir y producirla de tal manera que quieras escuchar el siguiente tema y luego el otro; un discurso abierto y una sensación de mucho espacio que sí hay en el disco y que esta lograda de distintas formas, algunas de ellas técnicas.

Algunos músicos entregan sus discos a un masterizador, que lo hace usualmente mucho mejor que los músicos, pero yo sé hacer mucha post producción sobre una mezcla; por eso hay temas que tienen muy el foco al centro y después muy claramente a los costados. Existen cosas que estaban en la mezcla pero que están exageradas en la post producción, y eso le da un panorama más allá del estéreo y en el concepto en el que suceden estas canciones es algo que me interesaba que sucediera. A mí también me atrae el sonido mono para cierto tipo de música, cuando uno quiere construir una pared, que por donde mires estás rodeado por una muralla, pero este disco está lejos de esas ideas y te envuelve en una espacialidad que está a través de todos los temas.

¿Es una labor parecida a la de un explorador?

Que como aquel, también requiere de tener un buen equipo rodeándote, alguien que dirija bien la nave porque hoy nadie va a un estudio de grabación sin saber qué vas a hacer, eso se hacía en los 70 cuando los discos se vendían, eso desapareció casi y es un riesgo. A la vez yo tengo experiencia en saber hacer uso del estudio con eficiencia y siempre con una perspectiva nuevas, al menos eso es lo que me propongo. Es como ir a un hotel de lujo, hay que ser eficiente.

Uno pensaría que, para la gente de su generación o gente que ya apuntaba hacia el futuro, este momento tecnológico pareciera ser la meta de lo que se buscaba, pero lo ve al revés, para usted apenas empieza ahí el dilema.

Es muy difícil para un artista moverse en el contexto actual y ser realmente escuchado. Puedes hacer que la gente note tus discos digitalmente, pero no puedes despertar la curiosidad de los escuchas y eso es uno de los motivos por los que creo que hay que replantearse el mundo educativamente a partir de que esto sucede. Los maestros enseñan cosas que ya son viejas y cuando el alumno por fin salga a utilizar ese conocimiento ya va a ser inútil; esa es una manera de generar ignorancia. Por eso el presente debe rediseñarse hacia un modelo que esté listo para para el presente más instantáneo que venga mañana. La gente de la electrónica y el rock surgimos de inventar sitios concretos donde empezaba a generarse una verdadera red de gente que se conocía. Hoy la apreciación de algo es un like. Es verdaderamente un dilema que es obligación del artista resolver.

Una vez más, el tiempo marca la narrativa de la historia del arte.

¿Existen los valores culturales persistentes? Hoy pensamos que los 70, los 80 y los 90 tenían un sonido distinto, pero si piensas en siglos, cuando este siglo avance un poquito más te darás cuenta que la música de todas esas décadas es simplemente del siglo XX y ese paquete cultural será uno en que los detalles van a ser invisibles.

¿Desde su perspectiva enfrenta un problema de relevo generacional el rock argentino? A la distancia parece que sus grandes figuras se hacen mayores y falta la acometida de jóvenes con esos arrestos y tamaños.

Es muy difícil juzgar los relevos generacionales porque pasó, por ejemplo, con nosotros cuando aparecimos los modernos en los 80. De alguna manera con la aparición de Babasónicos, Juana La Loca y Los Látigos estuve muy vinculado y tengo mucho vínculo con artistas que hacen cosas trascedentes para mí ahora, pero que, casualmente, no logran amplificarse. Tienen una inmanencia, un mensaje interesante, pero hoy es muy difícil construirse como marca o producto y todo empieza a construirse a partir de los reality shows; no hay nada más alejado del rock que la televisión, que aparte es un medio antiguo y menos interesante que la radio.

La tele es antigua, pero sigue gobernando lo que se cree de interés. He estado viajando y he notado que tienen los mismos programas, el mismo formato, como franquicias y es horrible. Hace 20 años por lo menos la televisión de cada país era distinta y tenía una identidad propia. Hoy es la franquicia de la basura y finalmente ninguno de esos programas que producen estrellas sacó a un artista valioso. Ser artista no es una profesión. En general deberían desaparecer todas las profesiones, especialmente la de abogado.

circozonico@hotmail.com

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