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Las posibilidades del odio

Anthony Bourdain: Cocina (y vive) libre o muere

Juan Carlos Hidalgo

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Corren los créditos finales del programa acerca de viajes y comida llamado No reservations; no es un asunto menor que el tema principal ha sido compuesto por Blues Explosion, la banda que acompaña a Jon Spencer, un hito del garage rock neoyorkino. Ahora suena en la políticamente incorrecta emisión que inicialmente transmitiera Travel Chanel y que luego saltara a otros canales de distintos corporativos.

¿Qué hacía distinta a la serie? El conductor rompía todos los estereotipos conservadores de una televisión de sobra pudorosa y pusilánime. Anthony Bourdain se movía a sus aires abanderando sus propias convicciones: Uno es lo que come. Uno es lo que conoce. Uno es lo que bebe. Uno es por la gente que lo rodea. Uno es por lo que se fuma y se mete. Uno es por las ganas incontenibles de vivir. Uno es por romper las reglas.

Me gusta considerar al Chef, nacido en 1956 en La urbe de hierro, un sibarita punk que amaba profundamente los placeres. Sacudió de raíz la gastronomía de Nueva York mostrando sus zonas oscuras y contradicciones y ello le llevó a asumirse como un escritor. ¡Vaya manera vitalista de entender a la cultura entera! La consiguió abrazar en su totalidad vestido con una raída camiseta de The Ramones y sus botas negras.

Este insumiso comensal y santo bebedor podía aparecer probando tiburón fermentado en Escandinavia, foca cruda en el ártico o tratando de reivindicar a New Jersey a partir de sus expendios de comida y sus vínculos con la serie The Sopranos. Ningún territorio le estaba vedado y a él no le importaba aparecer comiendo y bebiendo sin límites en cada uno de sus programas.

En una de las últimas emisiones de las ocho temporadas que duró No reservations visitó Croacia junto con otro amigo chef y en una parte sencillamente se tiran al suelo para evidenciar que están totalmente borrachos. Corte directo. Aparece en el sillón trasero de un yate a toda velocidad con la cabeza tapada con una chamarra. En voz en off narra una cruda de escándalo. Así era Bourdain.

Para cuando arribó a CNN, para crear en 2013, Parts Unknown ya era todo un rockstar que había reivindicado la comida callejera y barata. ¡Casi había descubierto maravillas entre los expendios más cutres! No rehuía a los salones más finos, pero siempre se mezclaba con la gente y mostraba bares, cantinas y burdeles. Siempre iba a los puestos nocturnos para un “munchies” que pusiera punto final a la juerga. ¡Sabía de la vida!

Hoy está muerto. Nos levantamos el viernes 8 con la noticia de que se había suicidado en un hotel de Estrasburgo. Su amigo francés y también Chef, Eric Ripert, encontró el cuerpo. Todos los comunicados no vacilaron: suicidio. ¿Por una vez nos libraremos del sospechosismo? ¿Pudo más la depresión ante una vida que el resto de los mortales consideramos fantástica?

A los 61 años cerró transmisiones con un colofón tremendista y comenzó su estatus de leyenda de la cultura gastronómica. Diversas reacciones no se hicieron esperar. Debo reconocer que los alcances fueron planetarios. ¡Vaya que Anthony era una querida y consagrada estrella en diversos círculos! Nos hizo entender que la comida en sí misma nos sabe a poco si no va acompañada de sus vínculos socio-culturales.

Vivió, bebió y cocinó libre. Sin ataduras ni reservaciones ni reservas. Y se vació. Uno también es por los otros. Uno es por la gente que amó y que lo amó. Andrew Zimmern, famoso por degustar la comida más extraña, no tardó en publicar: “Una parte de mi corazón está realmente rota esta mañana. Y la ironía, la triste ironía cruel es que el año pasado nunca había sido tan feliz. El resto de mi corazón duele por las 3 mujeres increíbles que dejó atrás. Tony fue una sinfonía. Ojalá todos pudieran haberlo visto. Un verdadero amigo”.

Otra figura de enormes proporciones mediáticas, el también chef Gordon Ramsey lanzó su mensaje: “Llevó el mundo a nuestros hogares e inspiró a muchos a explorar culturas y ciudades a través de su comida”.

En sus proyectos se hizo acompañar por todo tipo de hedonistas, de gente del mundo de la cocina a escritores, cineastas y, por supuesto, músicos; es célebre su foto con Iggy Pop, pero fueron muchos los que gozaron sus parrandas. Sorprende también la cantidad de temas que le apasionaban. Es por ello que recurro al crítico Jorge Grajales para plasmar otro de sus gustos: “Era un gran conocedor del noveno arte: los cómics. Ávido lector y coleccionista desde pequeño sus gustos iban de El Spirit de Will Eisner al Terry y los Piratas de Milton Caniff; del Batman de Neal Adams al Nick Furia, Agente de Shield de Jim Steranko; de los cómics de horror y el MAD de EC Comics a los comix underground de Robert Crumb y Spain Rodríguez. Uno de sus cómics favoritos recientes que no se cansaba de recomendar era Oishinbo, el manga culinario de Tetsu Kariya y Akira Hanasaki. La novela gráfica que escribió, Get Jiro - sobre un yakuza convertido en chef- la sacó Editorial Televisa en español, mientras que su último título Hungry Ghosts - un compilado de historias de horror contadas por chefs al estilo del juego japonés de las 100 historias de horror o Hyakumonagatari Kaidankai - será compilado en un solo volumen el próximo mes de septiembre por Dark Horse”.

Bourdain era alguien a quien sentíamos cercano… casi lo consideramos familia. El extraordinario bajista Alonso Arreola apuntó: “El primer artículo que leí de Anthony fue Viva México! Viva Ecuador! Defensor de los migrantes en las cocinas del mundo, extrañaremos su ácida forma de unirnos en torno a la comida pero sobre todo a la mesa. Descanse en paz”.

Y por si fuera poco, fue un gran defensor de la comida mexicana y de los mexicanos –sobre todo los migrantes-; por eso, quisiera cerrar esta evocación a través del músico y periodista Israel Pompa, que recuperara tal vertiente citando una carta titulada Under the volcano y que se puede leer completa en el Tumblr del fallecido: “Los estadounidenses amamos la comida mexicana (...). Amamos las bebidas mexicanas (...). Amamos a la gente mexicana (...). Amamos las drogas mexicanas. Tal vez no personalmente, pero ‘nosotros’, como nación, consumimos cantidades titánicas de ellas (...). Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el interiorismo mexicano, las películas mexicanas.

Entonces, ¿por qué no amamos México?

Nos lavamos las manos y encogemos los hombros ante lo que sucede del otro lado de la frontera. Quizá estamos avergonzados. México, después de todo, siempre ha estado ahí para nosotros, para cumplir nuestras más oscuras necesidades y deseos. Ya sea vestidos como tontos y borrachos en un Spring Break en Cancún, lanzando pesos a strippers en Tijuana o poniéndonos hasta la madre con drogas mexicanas, rara vez mostramos nuestro mejor comportamiento en México. Ellos nos han visto, a la mayoría de nosotros, en nuestro peor momento. Ellos conocen nuestros más oscuros deseos”.

Pompa cerró su comentario apuntando (y es algo que suscribo absolutamente): “A Anthony Bourdain le bastaron 3-4 párrafos para definir mejor que mil estudios académicos la compleja relación México-Estados Unidos. Si no conocen a Bourdain, lean esa carta de amor a nuestro país y descubran al genio”.

circozonico@hotmail.com

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