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Lunes , 22.10.2018 / 22:30 Hoy

Alcohol, drogas y desamor en mujeres de treinta

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La segunda novela de esta escritora inglesa es una verdadera bomba y una trampa al mismo tiempo por varias razones. Y todo porque gira entorno a dos mujeres que se enfrentan a los compromisos de la edad adulta siendo completamente renuentes. Laura tiene 32 años y Tyler 29. Viven juntas, pero tienen expectativas diferentes; la primera quiere escribir una novela y está a punto de casarse, mientras que Tyler sigue enloquecida por las fiestas, los bares, las drogas y los acostones de una noche. Las dos cultivan un profundo amor por la bebida y se la pasan borrachas gran parte de su tiempo libre y paladeando distintos licores y estimulantes.

Se trata de una historia protagonizadas por mujeres jóvenes y extremadamente reales –guarras, valemadristas y cultas-; ello la convierte en un asunto políticamente incorrecto y que seguro también habrá ofendido a las feministas más recalcitrantes. La pareja se muestra como unas Thelma and Louise enamoradas de la bebida y la juerga interminable (una vez que toman la primera copa no paran). He ahí una parte importante de su carga explosiva.

Pero la parte de la trampa procede del lugar en que se desarrolla; nada menos que la ciudad de Manchester. Una especie de sitio sagrado para la historia de la música popular del siglo XX. La urbe de la que surgieron Joy Division, The Smiths y The Stone Roses, tan sólo por plantear una Santísima Trinidad entre una lista larguísima de propuestas musicales de auténtica leyenda. Para sorpresa de todo melómano que llegue a este libro, la música no ocupa un lugar importante; sus referencias son muy escasas y alguna se refiere a músicos norteamericanos (Tyler nació en aquel país).

Ambas son universitarias graduadas y entendidas en el campo literario, pero también disfrutan de la práctica desbordada del hedonismo una vez que salen de los dos empleos de mierda a los que se hallan atadas –los Call centers son un infierno en todos lados y las cafeterías pagan igual de mal-. Son dos profesionistas angustiadas por las dificultades de abrirse brecha en el campo laboral e intelectual. Así que beben para olvidar sus terribles jornadas y luego aparecen tiradas en una cama a la que no saben ni cómo es que llegaron; la novela también es una especia de tratado sobre la cruda y la oportunidad de conectar las borracheras.

No en vano una reseña publicada por el New York Times fue titulada de la siguiente manera: “Cuando (y sí) la fiesta tiene que acabar”. En consecuencia, el portal español Slang le preguntó a la autora si creería que tal frase reflejaba el espíritu de la novela, a lo que Emma contestó: “Es una buena manera de resumirlo. En parte, la idea era explorar por qué hay una cierta tendencia social a pensar que tienes que dejar de hacer ciertas cosas a cierta edad (beber, salir de fiesta) y empezar a hacer otras (sentar cabeza, casarte, tener hijos). Eso o resignarte a ser visto como un ser trágico o idiota, especialmente si eres mujer. Quería desafiar esta convención.

Los personajes de la novela se aproximan a este momento desde diferentes ángulos. Tyler -un animal fiestero militante- cree que la fiesta nunca ha de acabar, de hecho, no debería. Algunos miembros de la familia de Laura y su prometido, Jim, son de otro equipo: creen que la fiesta se acaba a los veintimuchos, seguro que a los treintaypocos. Laura no lo tiene claro, está buscando cuál es el camino correcto para ella. Además, o eso espero, la cuestión se vuelve más compleja a medida que avanza la novela. Lo que parece una sencilla elección entre dos estilos de vida y dos personas termina siendo la búsqueda de Laura por descubrir lo que quiere y lo que necesita. Con alguna que otra copa”.

El resultado es un vistazo totalmente inglés a su cultura, costumbres y sentido del humor. Es terriblemente ácido con sus instituciones sociales y modelos de vida. Es irreverente, desenfadado y muy lúcido; no en vano una escritora tan polémica e incómoda como Caitlin Moran —autora de Cómo ser mujer soltó un gran elogio: “Ya me hubiera gustado a mí escribir este libro”. Y no sólo ella se ha declarado fan; Lena Dunham, quien encabeza la serie Girls y es idolatrada por toda una generación de millennials neoyorkinas, acotó: “Hurra por este retrato alcohólico entre almas gemelas platónicas”. Se trata de un par de empujones de primer orden que contribuyeron a posicionar a la novela en el panorama de la cultura pop del siglo XXI e interesar a un público mucho más amplio.

No es usual encontrar una visión tan desprejuiciada y gozosa de los excesos; tan es así que encontramos diversos momentos que ejemplifican tal postura a la perfección, como en el caso del siguiente en el que Laura hace escarnio de un acto ridículo de su amiga en un antro: “Los buenos sentimientos. ¿Sólo se debían a la droga? ¿Acaso no era la verdad? No me importaba y el hecho de que no me importara ya era una pureza en sí misma. Todo puede parecerte puro cuando estás colocado. Lamer la cisterna de un váter. Hablar con un imbécil. Ponerte un chándal morado y hacer saltos de estrella al ritmo de “All night long” de Lionel Ritchie. Las actividades, ideas o cosas más tontas y estúpidas se investían de pronto de un glamur intenso e intrigante. ¿Quién no querría vivir en ese lugar, en ese mundo? Sólo un tonto, amigo mío, sólo un tonto”.

Por supuesto que las responsabilidades y los desencuentros sentimentales, por un lado y acontecimientos inevitables, como la muerte, pondrán a cada una ante situaciones límite a la que deben plantar la cara. Lo que ha llevado a la crítica a entender la novela como un fresco de época y de valor universal. En ese sentido la periodista Carmen Escobar ha planteado que mujeres de distintas generaciones y nacionalidad puedan identificarse con Laura y Tyler: “Creo que mucha gente ha tenido una fase Laura o una fase Tyler en su vida, un tiempo salvaje en el que fue a contracorriente, una historia de amor guarra con el lado salvaje de una ciudad… Pero espero que eso no sea necesario para disfrutar el libro. Creo que cuando reduces la historia a su esencia, más allá del alcohol, las drogas, las bromas y las funciones corporales, te das cuenta de que habla de gente que elige seguir avanzando en su vida y de gente que no. Y de cómo el punto de vista de una persona puede constituir una necesidad de movimiento, cambio y crecimiento que difiere del de la sociedad. Así que espero que esos temas sean universales. Pienso que una de las grandes alegrías de la ficción es que acabas mostrando empatía con personajes con los que no esperabas identificarte al inicio. Piensas “Yo no soy como este monstruo” y luego diez páginas más tarde le anima. Creo que el humor es la mejor manera de conectar con los personajes, si alguien te hace reír te sientes más cercano a ellos. Lo supe cuando escribía: Tyler se llevaba las mejores frases, aunque fuera la historia de Laura, pero no podía luchar contra ello. Así que, aunque Tyler es una maníaca, un lastre y a veces directamente un peligro, es encantadora y seductora y jodidamente divertida”.

circozonico@hotmail.com

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