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Las posibilidades del odio

Alberto Fuguet y "Sudor", la novela que debió ser un escándalo

Juan Carlos Hidalgo

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Con los años que llevo como lector y periodista debería tener la certeza de que existen figuras intocables en el mundo de la cultura y que el hecho de criticarlos acremente puede poner en marcha mecanismos tendientes a ejercer venganza en contra de tales insolentes. No deja de sorprenderme que una novela de la calidad de Sudor, escrita por un autor de fama internacional, no se hubiera convertido en una hoguera de las vanidades y que varias figuras del status quo del mundillo editorial pidieran a voz en cuello su cabeza.

Publicada apenas en el 2016, tiene a un trasunto de Carlos Fuentes en el centro, al igual que a su hijo. De ambos toma muchos datos reales para darles una vuelta e instalarlos convenientemente en el territorio de la ficción –y así obtener algo de cobertura y protección-.

La historia que cuenta la novela se presenta de la siguiente manera: “Pocos años antes de que Alfaguara fuera engullida por Random House, el gran autor del Boom Rafael Restrepo Carvajal visita la Feria del Libro de Santiago de Chile para presentar, junto a su hijo Rafa júnior, un libro de fotografías (del hijo) y textos (del padre) sobre sus amigos famosos. Durante los cuatro calurosos días de octubre que el poderoso escritor pasa de promoción, Alf (Alfredo) Garzón, gay, de 41 años, editor de un sello de no ficción en el grupo Alfaguara, se ve obligado a hacerse cargo de Rafa júnior, poeta bohemio, fotógrafo, hemofílico, vulnerable y puto”.

A medida que avanzó en la lectura, la pregunta recurrente es: ¿Cómo es que la publicación de esta obra no desató la ira de las diferentes fuerzas vivas del stablishment literario? ¿Nadie se incomodó con tal acercamiento hacia una de nuestras más respetadas figuras y de la que se exhiben sus manías, conexiones comerciales y el desmesurado y costoso aparato de relaciones públicas que se desplegaba en torno suyo?

A continuación, me he propuesto hacer una breve pesquisa sobre lo provocado por una obra que ha sido muy bien apreciada y de la que me parece que con justicia no se han escatimado halagos. En Sudor, un libro verraco, un texto publicado en el influyente portal chileno The Clinic, Sebastián Edwards anota: “Alberto Fuguet está definitivamente de vuelta (si es que alguna vez se fue). Es lo mejor que ha escrito en mucho tiempo; posiblemente lo mejor que haya escrito nunca. Es un libro insolente y rabioso, cómico y profundo, lírico y realista. Un libro crudo y arriesgado. Pero decir que es literatura gay, como algunos han insinuado, es una tontería. Es como decir que Moby Dick es un libro sobre ballenas. Sudor es una novela grande y ambiciosa, que quiebra moldes y que no toma prisioneros. Una radiografía en tres dimensiones del mundo literario chileno, narrada en forma magistral por un narrador complejo y entrañable, que poco a poco desnuda sus distintas personalidades –a veces es un adolescente, mientras que en otras es sorprendentemente maduro–, sus miedos y sus aprehensiones. No sé si es “la gran novela chilena” de la primera mitad del siglo 21, pero podría serlo”.

En el número de agosto del 2016 de Letras Libres, Paulo Corroto publicó la entrevista: Contra el boom, de la que es muy interesante e ilustrativo citar un par de preguntas:

¿Criticar al boom no es matar a nuestros padres?

Es más bien criticar el bien pensar. Yo quería hacer un libro poco higiénico y poco correcto. No quería hacer la típica novela sobre escritores que se ya se ha hecho muchísimo, sobre todo en España…. Al final, nadie es una vaca sagrada. Si uno puede cuestionar al Papa, al Rey, incluso a un Gobierno, ¿por qué no a los escritores? Que además es gente que cree en la libertad de expresión, en la palabra.

Pero los escritores del boom están considerados vacas sagradas. Y usted se centra precisamente en una de las más grandes: Carlos Fuentes.

Eso lo estás diciendo tú. Nadie debería ser sagrado. En el caso de Carlos Fuentes tampoco es mi intención bajarle del puesto de vaca sagrada. Es impresionante cómo en América Latina a la gente rica se la trata como a la realeza y no se les puede tocar, en parte por miedo y porque se les considera distintos. Por eso me parece legítimo, y más en el caso de Carlos Fuentes”.

Para dimensionar en su justo valor a Sudor es posible acudir a la nota Grindr y los sentimentales, que el periodista Carlos Pardo, publicó en el diario español El país, y en la que muy certeramente anota: “Si este libro se hubiera publicado hace 10 años, hoy sería una obra de culto de la literatura gay. Se habría evidenciado el carácter provocador y también habría sido leída como una novela de aprendizaje tardío: llegar a la facilidad, a la revolución sexual de las aplicaciones de Internet, a los 40 años. Pero hace 10 años no existía Grindr y su aparición ha normalizado tanto las relaciones casuales que la provocación parece una cosa añeja. No es una crítica a esta novela, sino una orientación del lugar que busca Fuguet: sinceridad y desnudez en la conformación de los afectos de este mundo hipersentimental y de apetitos rápidamente saciados. En ese sentido, es entrañable la relación entre Alf y varios amigos y parejas momentáneas, como su compañero de piso Vicente Matamala, heterosexual recién separado, y los diferentes roles que asumen en el sexo, aunque con la misma evanescencia”.

Para elaborar Sudor, Fuguet sabía que Carlos fuentes y su hijo si presentaron un libro juntos en Santiago; pasaron por ahí en 1998 para promocionar Retratos en el Tiempo, que efectivamente reunía textos y fotos realizados por cada uno. Además, el hijo real del escritor si padecía hemofilia. En determinado momento y dada la incontinencia y dispar calidad de la figura internacional se le termina considerando: “El mejor mecanógrafo de la región más transparente”; dardos envenenados salen de la obra para todos lados.

Pero no dejemos de lado que el gran pretexto para escribir tal ficción es concentrarse en los 3 días que dura la visita y que cambiaron para siempre la vida del protagonista: “A pesar de no tener ningún interés por los visitantes y de detestar el libro, Alf termina a cargo de Rafa, y durante tres días funge como su guardaespaldas, dama de compañía y confidente. Lo pasea por la ciudad, le consigue drogas, le presenta a sus amigos y lo introduce a la enloquecida noche santiaguina”.

Sudor debió provocar un escándalo, pero tal vez las elites intelectuales se encuentren ocupadas en otros asuntos; tal vez disfrutaron con la desacralización de Carlos Fuentes; tal vez no sintieron la crítica del gremio tan en carne propia; tal vez una novela tan sexual ya no espanta a nadie.

No dejarán de ser meras especulaciones. Por fortuna, la novela sigue en librerías para seguir provocando, para increpar al lector, para llevar un poco de irreverencia hasta donde se han refocilado los conservadores –viejos y nuevos-.

circozonico@hotmail.com

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