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Martes , 19.06.2018 / 03:54 Hoy

Las posibilidades del odio

Acerca de la identidad pachuqueña

Juan Carlos Hidalgo

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En modo alguno resulta un tema sencillo de plantear y desarrollar; menos cuando la clase política supone que el tema de la identidad pasa por esa noción del civismo y la historia sacada de las láminas de la papelería o en organizar ceremonias donde llevan acarreados a los alumnos y donde los discursos se limitan a un retórica hueva, anacrónica y patriotera. ¿Cuánta gente llega a saber que Juan C. Doria fue tamulipeco?

Al momento de hablar de identidad hay que tratar de dilucidar cuáles son los nodos que concentran y/o provocan esos vínculos simbólicos y afectivos de una persona para con una causa, una figura pública y, en este caso, un espacio urbano, como puede ser la ciudad entera o bien un barrio o colonia. Aquí un aspecto clave pasa por el respeto y la consolidación de las tradiciones.

¿Por qué tendríamos que sentirnos orgullosos de ser Pachuqueños? ¿Tiene alguna implicación en particular o es un mero accidente geográfico? ¿La clase política entiende el arraigo y el sentimiento de pertenencia o tan sólo los manipula cuando necesita recabar votos?

En estos momentos resulta indispensable ponderar el desplazamiento de un importante segmento de la población hacia el sur de la ciudad. Las familias y habitantes que han podido hacerse de una casa propia han ido gradualmente dejando los barrios altos para ubicarse en nuevos asentamientos. Su relación con el Centro histórico se hace menos continua e importante.

A ello debemos sumar el porcentaje de ciudadanos que han llegado a poblar los fraccionamientos desde el Distrito Federal. Como recién llegados que son, ¿por qué tendrían que identificarse con la ciudad? Muchas de estas colonias se comportan como “No lugares” para las personas pues no poseen raíces para con el sitio que las acoge. Esa es una de las problemáticas de las ciudades o las zonas dormitorio.

En el pasado, uno de los deportes-espectáculo que contribuía a estos procesos identitarios era la lucha libre, pero su relevancia ha venido a menos. Por lo que es muy importante reconocer la gran contribución que ha hecho el equipo de futbol -para no ir más lejos dejémoslo en los últimos 15 años-. Si en el extranjero se reconoce a Pachuca es por el equipo, sus logros, jugadores y proyectos. Todo una idea de posicionamiento que comenzó trayendo a jugar a Maradona al Polyforum y que alcanzó su cenit con la apertura del Museo del Futbol y el Salón de la Fama. En Argentina pude constatar lo bien enterados que están en Buenos Aires de lo que pasa acá.

Pero si lo Tuzos han logrado mucho, en otro sentido conviene preguntarnos: ¿hace cuánto no surge y se desarrolla un artista local que verdaderamente cuente con un público numeroso que lo siga? No me parece que Dorina, Efraín Medina Berry o algún otro hayan logrado un capital humano importante y arraigo real. Los grupos de rock local se mantienen un circuito diminuto y cuasi amateur.

En lo tocante a otras disciplinas, desde que el artista plástico Enrique Garnica decidió moderar su presencia mediática y su presencia pública no hemos tenido otro animador cultural de su ímpetu y beligerancia. Si algo le ha faltado a la escena pachuqueña es mayor combatividad. Hagamos votos porque pronto se dé un relevo generacional.

Pero sigamos con la identidad, ¿Cómo es que debemos identificarnos con una ciudad minera cuando dicha industria se encuentra en una situación muy precaria? ¿De verdad podemos vivir bien en Pachuca cuando la policía se dedica a hostigar al ciudadano?

La identidad se va gestando cuando un proyecto social va proporcionando mejores condiciones para vivir y desarrollarse. ¿Es viable conseguir empleo en la localidad? ¿Existe una economía dinámica? ¿Cómo busca la ciudad proyectarse hacia el futuro?

Según la sociología, la pertenencia social implica compartir, aunque sea parcialmente, los modelos culturales (de tipo simbólico expresivo) de los grupos o colectivos en cuestión. ¿Qué es lo que tenemos aquí como elementos para aprehender y aprender?

No está de más entender que existe algo que se llama identidad colectiva, que implica, en primer término, una definición común y compartida de las orientaciones de la acción del grupo en cuestión, es decir, los fines, los medios y el campo de la acción.

Las administraciones son pasajeras, los políticos se van y a través de los años la colectividad define a una ciudad; su orientación y vocación. Por ejemplo, no tardaremos en ver como se deshacen de la Pérgola del Reloj monumental con el argumento de que esa construcción no es antigua.

Para desarrollar sus identidades —dice el sociólogo británico Stephen Frosh— la gente echa mano de los recursos culturales disponibles en sus redes inmediatas y en la sociedad como un todo. De este modo queda claro que la cultura es la fuente de la identidad. Lástima que esto sea un concepto demasiado complejo de entender para quienes están al frente de esta quimera llamada Pachuca.

circozonico@hotmail.com

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