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Sábado , 21.07.2018 / 05:24 Hoy

Las posibilidades del odio

2 libros tremendos en alto contraste –del pop a la ciencia-

Juan Carlos Hidalgo

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¿Quién puede permanecer al margen del eclecticismo? Resulta que muchas cosas completamente opuestas y distintas suelen interesarnos. El alto contraste es uno de los ejes rectores de nuestro tiempo. Existe una multiplicidad de contenidos de los que solemos atrapar unos cuántos. De repente ocurre que los seguidores de Game of Thrones también se apasionan por una band cyber punk japonesa o que una chica apasionada con Hello Kitty también es fan de Agustín Lara. Así pues, hay lectores expertos en García Márquez y Metallica; hay quien salta de H. P. Lovecraft a Chuck Palahniuk.

En este orden de ideas es que mi tiempo lector se ha repartido entre el seguimiento a los desplantes de un inmenso melómano y su amor por los discos y el desfile de una inmensa cantidad de personajes históricos muy relacionados con la ciencia y que se obsesionaron con burlar a la muerte y hallar la ruta hacia la inmortalidad. Pero vayamos pues por partes.

“Lost in music. Una odisea pop”, de Giles Smith (Editorial Contra)

No podemos pasar de largo ante la recomendación de un escritor tan interesante como Kiko Amat; el catalán ha dicho sobre el texto del escritor inglés: “Mi libro favorito sobre el amor a la música pop en primera persona. Como dice Giles Smith: “El pop no era la banda sonora de tu vida, era tu vida”.

Nacido de Colchester –la tierra de Blur-, Smith es alguien que vivió de llenó la inmovilidad de la provincia, las dificultades e indolencias de la industria musical, que probó suerte con su propio grupo para terminar con un primer disco de Cleaners from Venus editado en Alemania y que pasó totalmente desapercibido. Así que no tuvo opción que labrarse una carrera periodística, fundamentalmente en The Times, fungiendo como redactor deportivo. Lo que no obsta para que no haya seguido con su amor por la música y los discos y acumulando una gran cantidad en distintos soportes.

“Lost in Music” es todo un tributo a una vida dedicada a amar la música y trazar la existencia en torno a ella. Porque como explica César Prieto en EfeEme.com: “Es mucho más fructífero y divertido leer las peripecias vitales de alguien que ha metido el hocico en la industria musical y ha salido disparado de un zambombazo que las de alguien que ha tenido una carrera de primera fila”.

Esta especie de historia confesional no hace sino evidenciar también la enorme diferencia que existe entre la tradición musical británica y la del resto del mundo. Desfila una enorme lista de artistas que de este lado del charco nos pueden parecer desconocidos, pero que alimentan la sensibilidad británica. Un ejemplo de ello es fervor juvenil por T. Rex.

Por su parte el estupendo crítico y novelista Miqui Otero apunta al respecto de esta obra: “Todas las rockstars triunfan del mismo modo, pero cada amante del pop fracasa a su manera. La odisea de Giles Smith, más tronchante y pura que el 99% de libros que hablan sobre el éxito, se parece más a la tuya que cualquier biografía célebre. Este libro eres tú, perdido por y en la música”.

Giles Smith es alguien dispuesto a compartir sus verdades y sus gustos particulares; no busca imponer ningún tipo de canon sino explayarse en su peculiar anecdotario, uno que viene de parte de alguien que conoció el negocio desde sus entrañas.

Es así como lo encontramos de niño recuperando la leyenda de que los Beatles pasaron por su pueblo para comprar chicles para luego saltar hasta su devoción por XTC y Tod Rundgren. Se trata en suma de la historia de un tipo que vivió y sigue viviendo obsesionado por la música y cuyos principales dilemas a resolver son: “¿Cuál fue el primer disco que compraste? ¿Cómo ordenarlos? ¿Qué discos purgar a la hora de hacer limpieza? ¿Cómo abordar las ferias de discos? ¿Por qué a nosotros, devotos, no nos llegan con tanta emoción los grupos nuevos como a los quince años? ¿Qué pasa con tus discos cuando vives en pareja? ¿Vinilo o cedé?”

“La comisión para la inmortalización”, de John Gray (Editorial. Sexto Piso)

“Una vez que se dominara por completo el poder de la ciencia, se podría vencer a la muerte mediante la fuerza”; tal es la premisa que se ha convertido en la obsesión de distintas generaciones de científicos y filósofos de tal disciplina. Diversas figuras ilustres desde el siglo XVIII a nuestros días han emprendido proyectos de diversa ralea en pos de alcanzar la inmortalidad. Entre ello se cuenta el alucinado proyecto que da título a este libro, en el que un ingeniero de la antigua Unión Soviética, Leonid Krasin, encabezó la iniciativa de congelar el cadáver de Lenin con el fin de revivirlo cuando la tecnología lo permitiera.

Una prosa fluida y amable permite que nos involucremos sin pesadez en un devenir que incluye espiritismo, el legado de Darwin, sociedades secretas, bolcheviques militantes y hasta contactos extraterrestres. Lo mismo puede interesar a universitarios rigurosos que a fans from hell de History y Discovery Channel. La investigación y documentación son impecables.

Está dividido en una estructura de 3 partes que funciona como un anzuelo infalible: Escritos automáticos interconectados, Constructores de Dios y Dulce mortalidad. El también autor de El silencio de los animales –sobre el progreso y otros mitos modernos- incursiona entre fanáticos religiosos, científicos transgresores y un algún surrealista. Tiene en claro que a final de cuentas: “El más allá es como la utopía, un lugar donde nadie quiere vivir”.


circozonico@hotmail.com

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