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Jueves , 21.06.2018 / 16:54 Hoy

‘Waltzing Matilda’

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Los Juegos Olímpicos de Sídney que inauguraron el siglo, oficializaron una serie de mensajes que ante los ojos del mundo habían permanecido opacos por considerarse revolucionarios. Aunque hoy nos parezcan cotidianos, hace 18 años hablar del cambio climático, respeto a los derechos humanos, integración cultural, diversidad de género o la determinante participación de la mujer en una sociedad igualitaria; eran temas que no habían impactado de lleno a generaciones enteras. Australia, tierra de oportunidades y de una composición diversa, pero castigada, asumió ese discurso aperturista junto con el movimiento olímpico para declarar que estos Juegos proponían un cambio. En torno a Cathy Freeman, atleta aborigen dueña de un carisma capaz de enderezar los ejes históricos de una nación, Sídney 2000 alineó todos los símbolos que hoy promueven el respeto y la tolerancia entre los países y las personas. El mayor de todos quizá fue el desfile que acogió bajo una misma bandera a las dos Coreas. Un objetivo que el COI persiguió con gran empeño diplomático como parte del programa que daba la bienvenida al nuevo siglo. Rodeada de agua, luz, fuego y miles de jóvenes atletas portadores del mensaje; la mujer, nacida en una etnia discriminada, encendió el pebetero. Nueve años después, el mundo miraba como Barak Obama, defensor y promotor de todos estos conceptos, se convertía en presidente de Estados Unidos. En aquellas pacíficas noches de septiembre, el deporte, a través de su máximo altavoz, los Juegos Olímpicos, consiguió llamar la atención de las grandes potencias. Fue la última vez que tuvo una influencia poderosa y decisiva en las cancillerías. Hoy, cuando el Olimpismo vuelve a unir Corea, en el mundo no se respira la misma esperanza.

josefgq@gmail.com

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