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Lunes , 17.12.2018 / 04:51 Hoy

Cartas oceánicas

Todo con moderación

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Cuando etiquetan como favorita a España, Lopetegui insiste que lo único que tienen en el bolsillo es un boleto de avión a Rusia que da derecho a jugar tres partidos, después, todo hay que ganárselo. Esa austeridad en la promesa no vende, ni emociona, pero ayuda a rebajar la presión del entorno sobre un grupo. Dictar sentencias la víspera de un Mundial es un ejercicio común cada cuatro años que da lugar al oportunismo: “lo veníamos diciendo hace tiempo…”, suele escucharse en todos los foros cuando un equipo cae eliminado, confirmando así, los pronósticos que acorralaban al técnico durante el proceso. La selección nacional mexicana está acostumbrada como ninguna en el mundo a vivir rodeada de pesimismo: de la presión pasa a la depresión. Ese estado desmoralizante no llega solo, viene acompañado por un estímulo constante, promocional y proporcional, que provoca la necesidad de contrarrestar aquel derrotismo que ahuyenta la generación de expectativas para vender. Desde que la selección se convirtió en un artículo de conveniencia, han existido pocos juicios sanos que logren moderar la pasión que ensordece a México en los mundiales. Los que pronostican escandalosas derrotas frente Alemania y Brasil, contra los que confían a pie juntillas en dos sonoras victorias mexicanas rumbo a los cuartos de final, consiguen que la selección nunca encuentre un equilibrio. La soberana reacción del público en el Azteca al terminar el juego del sábado ante Escocia, contrasta con el excéntrico apoyo que el mismo equipo recibe cuando viaja a los mundiales. ¿Cuál es el tipo de aficionado que tiene razón? El que abuchea un partido amistoso, o el que derrama miles de dólares para ir de fiesta a Rusia con la selección. En ambos sectores hay un exceso.

josefgq@gmail.com

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