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Lunes , 10.12.2018 / 17:00 Hoy

Cartas oceánicas

Sudor en frasco

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Mucho dinero después y ante el amenazante interés del Real Madrid en un fichaje de escándalo, el PSG ha pedido a Neymar que le declare lealtad, convirtiendo este principio elemental del deporte en un ruego sin sentido. Comprada o vendida, la lealtad por una camiseta es una sensación artificial: como comercializar el sudor de los futbolistas en un frasco. No hay mayor compromiso entre este equipo y su estrella que el financiero. El caso Neymar, un constante coqueteo, ha cruzado los límites del profesionalismo. El subsidio del tolerante PSG con su lesión a razón de 4 millones mensuales, no ha sido suficiente para demostrarle seriedad. El brasileño tiene el corazón en Moscú, la cabeza en Madrid y el metatarsiano entre algodones. Para su equipo, el que le convirtió en el jugador más caro de la historia, apenas tiene tiempo: ni le gusta, ni se acuerda de París; la ciudad del amor. Sepultado el romanticismo que une aficionados, colores y jugadores, puede definirse la trayectoria de Neymar como un futbolista de alquiler. Gobernado por un código de barras, ha sido capaz de abandonar a Messi, seducir a los capitales árabes y plantearse un futuro junto a Cristiano en el Bernabéu. Nada, salvo el dinero, impide que lo veamos vestido de blanco camino al altar. Ante la posibilidad, Messi, el más antiguo de los futbolistas modernos, ha reaccionado con angustia: “sería terrible, un golpe grande para todos los hinchas…”. Pero Messi llama hinchas a los que Neymar, miembro distinguido de una época con alto índice de digitalización, llama followers. De todo este lío que promete derramar mucha tinta hasta el final del Mundial, sale muy malherido el PSG. Un club solvente con un proyecto materialista cuyo límite, fue poner un precio a lealtad.

josefgq@gmail.com

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