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Miércoles , 20.06.2018 / 14:32 Hoy

Cartas oceánicas

Pilum en mano

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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El noble Genaro Gatusso fue elegido para encabezar la reforma sanitaria del Milán, un club que está perdiendo las tres “H”: historia, honor y huevos. Pocos ex jugadores pueden recuperar el prestigio de un equipo a bofetadas, Gatusso es uno de ellos. Dueño de una credibilidad ganada a costa de leñazos, su cara sucia, su barba cerrada, su cabeza dura, su mandíbula cuadrada, sus huesos retorcidos y el pellejo bien cicatrizado, le autorizan para sacudir las entrañas de una institución. La decisión que ha tomado el Milán al nombrarlo entrenador, no es menor. Se trata de la última consecuencia que arrojó uno de los peores años en la historia del futbol italiano. Eliminada del Mundial, Italia se lanza a la búsqueda de símbolos que le ayuden a recuperar el origen. Que una asociación tan emblemática del Calcio encuentre en Gatusso un cuerpo de salvamento, despeja algunas dudas: los italianos, en una situación desesperada, están dispuestos a volver a la legión donde nacen sus códigos de honor. No es precisamente el Milán un referente del catenaccio, sí lo es Gatusso, uno de sus últimos exponentes y también de los más leales. Por este equipo, creador de una de las grandes revoluciones futbolísticas del siglo pasado, alineó una larga lista de jugadores que interpretaban el juego en las antípodas de Gatusso. Baresi, Maldini, Donadoni, Ancelotti, Gullit, Van Basten y Rijkaard, entre otros, dominaron una filosofía que provocó la evolución del juego. En un deporte donde la identificación con un estilo resulta determinante, este nombramiento no parece ser la solución más avanzada, pero sí la más original. Nadie imaginó que Gatusso llegara tan alto, tampoco que el Milán, cuna del renacimiento del futbol italiano, cayera tan bajo.

josefgq@gmail.com

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