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Cartas oceánicas

Papel picado

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Lo mejor que podía pasarle a la oxidada Copa Libertadores, es una Final Boca Juniors vs River Plate; de la misma forma que esta final, provoca una urgente renovación del clásico más famoso del fútbol mundial tras el Barcelona vs Real Madrid. Hubo una época donde el Boca-River detenía las prensas internacionales. Su distribución en los cinco continentes a través de diferentes sistemas de cable, rivalizaba con el Clásico Español, el más seguido de todos; con el Derby della Madonnina, entre Milán e Inter; y con el Northwest Derby de Inglaterra, entre Liverpool y United. 

A principios de la década de los noventa, cuando su selección iba a caballo entre un campeonato y un subcampeonato del mundo, el Clásico Argentino gozaba de muy buena salud. Basta con leer algunos de sus apellidos en esos años para extrañarlo: Navarro Montoya, Soñora, Apud, Giunta, Villarreal, Batistuta, Latorre, Saturno, Mohamed, Gamboa, Fabbri, “Colorado” Mac Allister, Verón, Maradona o Caniggia, por Boca; y Comizzo, Burgos, Enrique, Ayala, Rivarola, Almeyda, Aimar, Medina Bello, Ramón Díaz, Astrada, Cedrés, Crespo, Gallardo, Ortega, o Francescoli, por River. Aquella, fue la última gran etapa de los enfrentamientos Boca vs River, que el corralito de principios de siglo y el fenómeno de los pasaportes comunitarios, terminó por convertir en un espectáculo desmantelado por las ligas europeas. 

Las grandes tardes de la Bombonera y el Monumental, bañadas en papel picado, no gozaron de la enorme difusión que hoy ofrecen las redes a equipos europeos de menor calado. Por ello es tan necesario que resurjan ambas historias aprovechando esa palanca que ofrece una Final de Libertadores, recuperando algo de su leyenda que perdió emotividad entre las nuevas generaciones. 



josefgq@gmail.com

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