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Cartas oceánicas

Medallero presidencial

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Por Barranquilla se llega a Tokio, un largo camino que atraviesa Lima 2019, y en el que las delegaciones centroamericanas, panamericanas y olímpicas, habrán saludado a dos Presidentes de la República con diferentes visones del deporte y la educación, cada uno. Tras setenta años de priismo ininterrumpido, doce años de panismo alternado y otros seis de priismo reincorporado, veremos qué importancia da a los medalleros, estadística que evalúa de forma errónea el desarrollo del deporte mexicano, la nueva administración morenista. Todos los sexenios han tenido un par de atletas como símbolo, no da para más. Futbolistas, marchistas, boxeadores, beisbolistas, clavadistas, corredores o halteristas fueron utilizados como bandera del éxito por el Gobierno Federal a través del tiempo. Un gol, una pelea, una carrera o una medalla olímpica funcionaron estos años como bálsamo para evitar que nuestro sistema deportivo colapsara por completo. Presentar los triunfos individuales como propios, convirtiéndolos en ídolos sexenales, es una fórmula desgastada que al igual que muchas otras cosas en esta nueva era, debe olvidarse. México tiene que cambiar la forma para evaluar el crecimiento de su deporte, de lo contrario, los próximos seis años habrán sido un fracaso más, porque estaremos mirando el medallero en cada competición, y éste, no tendrá elementos para variar. Segundo histórico en Centroamericanos con 1,235 medallas de oro; sexto en Panamericanos con 220, y cuadragésimo primero en Juegos Olímpicos con 13, son cifras que permiten buscar un objetivo distinto para el deporte en nuestro país. Podemos seguir disfrutando de un puñado de medallas del alto rendimiento, pero éstas no son más importantes que crear la base de una sociedad deportiva.

josefgq@gmail.com

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