Maniático, escrupuloso, cabalístico, obsesivo y coleccionista de tics nerviosos, Marcelo Bielsa se ganó una reputación bien documentada a lo largo de su carrera, por medios, jugadores y directivos: le llaman loco. La locura de Bielsa ha resultado simpática. Repleta de anécdotas y conductas que en cualquier otro entrenador serían imperdonables, en él, quedan bien. Su extravagancia es parte del folclor de un estilo atrevido que encuentra en este inventor de equipos, la representación exacta de lo competitivo que puede resultar el futbol visto como un grado científico.
Nadie, dicen, estudia tanto el juego como Bielsa. Pero sus profundas investigaciones en beneficio de la mejora constante de sus cuadros, toparon con pared en Inglaterra, cuando el Leeds United fue acusado de espionaje por el Derby County. Un hombre escondido entre los arbustos del campo de entrenamiento en Derbyshire, fue descubierto y expulsado por la policía del lugar. Días después, Bielsa reconoció haber enviado a uno de sus asistentes para investigar el trabajo de Frank Lampard, técnico del Derby, previo al enfrentamiento ante el Leeds, líder de la Championship inglesa.
Lampard, criado en la rancia escuela británica, desciende del viejo futbol fundado por una serie de valores que hoy parecen inútiles. En Inglaterra, como en pocos países, el deporte profesional conserva un sano apego a las costumbres que le permiten mantener un negocio universal, como un noble juego entre caballeros: para los ingleses la única defensa válida es la del honor. Sin ese respeto a las normas que le dieron origen, el futbol pierde su nobleza.
La polémica de las últimas semanas desatada por el Bielsa Gate, admitiendo el espionaje a todos sus rivales del campeonato, no es otra de las clásicas anécdotas del Loco. Se trata de una grave falta de respeto a una enorme cultura deportiva, cuya riqueza, no está basada en la búsqueda permanente del triunfo a costa de lo que sea, sino en la tenaz protección de su integridad. El espionaje del Leeds de Bielsa, candidato al título que le concederá el privilegio de jugar en la Premier, no pone en duda su capacidad como entrenador, pero si la caballerosidad del Leeds frente a sus rivales.
Las locuras del entrenador
- Cartas oceánicas
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José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo
México /