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Lunes , 18.06.2018 / 07:15 Hoy

Cartas oceánicas

Franja divisoria

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Hace dos años el insurgente Rayo Vallecano lanzó al mercado un uniforme donde la emblemática franja roja que le atraviesa el pecho, se transformaba en símbolo de diversidad e integración social: violeta contra la violencia de género, azul contra el maltrato infantil, verde a favor del medio ambiente, amarillo por la esperanza, el rojo para los que luchan contra el cáncer y el naranja en honor a las personas con alguna discapacidad; en su conjunto, la franja arcoíris estaba dedicada a la lucha contra la discriminación sexual. La camiseta del entrañable "Rayito" se convirtió en un hit de ventas, una de las más célebres de su historia: ¿marketing?, ¿oportunismo?, ¿solidaridad?, ¿compromiso? Con el futbol nunca se sabe, pero aquel detalle en época de revoluciones, reivindicaciones o persecuciones, consiguió hacer del Rayo Vallecano y buena parte de su comunidad, un ejemplo de tolerancia y respeto social. Años después, el futbol, que siempre provoca los polos opuestos, vuelve a poner la camiseta de este equipo al límite de sus costuras. Un grupo de aficionados del Rayo han sido demandados por la Liga Española de Futbol, -hecho insólito en cualquier parte del mundo- por irrumpir en un entrenamiento, oponerse a su directiva y manifestarse ante la prensa; con el fin de evitar que su equipo fiche a Roman Zozulya, delantero ucraniano. Zozulya, reconocido patriota en su país, ha sido etiquetado en las redes sociales como militante de ultra derecha o nacionalista extremo: neonazi sin comprobar. Parece que los ideales de Zozulya pisan uno y otro lado de la franja que atraviesa al Rayo, y sus aficionados, colindantes con los extremos, confirman que el futbol no debe involucrarse más allá de sus razones primarias: es un deporte y caben todos.

josefgq@gmail.com

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