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Jueves , 21.06.2018 / 12:44 Hoy

Cartas oceánicas

Fractura de pensamiento

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Hasta hace poco tiempo el futbolista distinto, el crack, tenía prohibido correr. No solo era pecado exigirle sacrificio, también, era corriente pedirle que defendiera. Que apretara y presionara en primera línea, muy arriba, la salida del rival. Maradona por ejemplo, nunca recuperaba pelotas. Decía Guardiola que el éxito de su equipo se debió a que Messi era el primer defensor. Además defendía muy bien. Si Messi corría para recuperar un balón, si Messi perseguía siendo el mejor jugador, entonces lo harían todos. Messi y Guardiola transformaron la moral del jugador talentoso, ese será su legado. A partir de ellos hemos visto defender con fiereza a Xavi, Iniesta, Robben, Agüero, Di María, Cesc, Costa, Hazard, Modric, Benzema, Neymar y los últimos en sumarse a esta evolución: Isco y James Rodríguez. Todos cambiaron de piel. Al interior de estos jugadores estigmatizados desde muy pequeños por el 10, el 11 o el 9, dorsales cuyo peso causan lesiones cervicales, se han cocido futbolistas de lomo duro. Del jugador espontáneo, surgió el reflexivo. Aprender a recorrer el campo, no es lo mismo que correr por él. La diferencia entre el futbolista idealista y el influyente, es el compromiso. Esta semana James se lesionó defendiendo. Se fracturó el pie jugando como un 6, no como un 10. Pero con ese sacrificio, es como ha ganado influencia en el juego. Lo más difícil para jugadores tan finos es cumplir con las cuotas que les exige el futbol moderno: ¿Cuántos kilómetros corrieron?, ¿cuántos balones recuperaron?, ¿cuántos ataques cortaron? Lo que nunca se mide es cuántos minutos pensaron. Hoy, al genio de un jugador se le puede pedir que corra, lo que no puede hacerse es pedirle a un jugador correlón, que sea genial.

josefgq@gmail.com

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