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Martes , 11.12.2018 / 00:04 Hoy

Cartas oceánicas

El viaje del 68

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Cincuenta años después, el aniversario de los Juegos Olímpicos de México 68 conmemora con exactitud algo muy difícil de encontrar en el deporte: vigencia. A medio siglo de distancia, es imposible olvidar el significado de aquellos Juegos que dieron fe, como ningunos, de que el olimpismo se mueve. Un capítulo reservado para la humanidad, el 68 transformó la manera en que el deporte impactaba la vida de las personas. Turbulentas, mágicas y reivindicativas, los días previos y las semanas posteriores a la inauguración del 12 de octubre en el Olímpico Universitario son, todavía, un acontecimiento al que se sigue acudiendo en busca de respuestas: ¿Qué sucedió en Tlatelolco? ¿Cómo hizo Bob Beamon para volar? Y ¿por qué la discriminación continúa denunciándose cada día? Aunque gran parte de la población mundial no había nacido entonces, el 68 ha sido parte de sus vidas en algún momento. La trascendencia con la que se recuerdan aquellos Juegos es la que ofrece validez al Movimiento Olímpico, como el desafío de Jesse Owens a Hitler en 1936, con cuatro medallas colgando del cuello de un hijo de esclavos negros en pleno Berlín; la señal del Black Power encabezada por Jonh Carlos y Tommie Smith en el podio de los 200 metros de CU; el septiembre negro de Múnich 72; el boicot en Moscú 80 y Los Ángeles 84; el desfile de Steve Ovett, Daley Thompson y Sebastian Coe, encabezando una delegación británica sin bandera en plena Guerra Fría; el apartheid entre Tokio 64 y Seúl 88 con la liberación de la delegación sudafricana en Barcelona 92; o el desfile de las dos Coreas en Sídney 2000. El espíritu del 68, libre, tuvo la responsabilidad de viajar en el tiempo manteniendo su historia como un punto de referencia humano, social y deportivo.

josefgq@gmail.com

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