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Cartas oceánicas

El quinto era el tercero

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Suecia llegó al Mundial precedida de una victoria con gol de rebote que le concedió una reputación momentánea. Aquel 1-0 ante Italia en repechaje, hizo que el mundo mirara a los suecos como un cuadro tenebroso. Vencer con una defensa rubia platinada a la peor versión italiana del último siglo, fue el único mérito. Asumiendo el papel de su víctima desvencijada, Suecia decidió consagrarse al futbol metálico presentándose en Rusia con la carta de recomendación del más genuino Catenaccio: marcar un gol y defenderlo sin vergüenza, así ha ganado sus últimos partidos. Piensa como Italia y sabe a Italia, pero está muy lejos de causar devoción por ese estilo de juego. México no debe temerle a los suecos a pesar de haberse instalado a su alrededor un destino siniestro: pelear el pase a octavos con 6 puntos en la mano y una lección al Campeón del Mundo en su terreno. La selección va a enfrentar un equipo que nunca ha tenido la obligación de ganar, Suecia, a pesar de ser muy competitiva, prefiere encontrarse los triunfos antes que ir a buscarlos. Con esa posición que no firma responsabilidades y compromisos, evita el riesgo de jugar: el único peligro de México es la frialdad de su rival. Los estados de ánimo durante una Copa del Mundo son un factor clave de supervivencia, Suecia debe saber que enfrente tendrá un equipo emotivo, cargado de energía, producto de uno de los momentos más apasionantes en la historia de nuestra selección. Ekaterimburgo es un grave problema para los suecos, no para los mexicanos. El célebre quinto partido del que lleva tantos años hablándose, en realidad era el tercero: ganar el próximo miércoles venciendo los últimos miedos, consolidará un grupo de futbolistas al que va a ser muy difícil ponerle límites.

josefgq@gmail.com

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