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Viernes , 19.10.2018 / 18:33 Hoy

El linaje de Zeus

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La carrera de Roger Federer (Basilea 1981), define con perfección el oficio del deportista: pasión, estilo, disciplina, humildad y caballerosidad. En esa figura que lleva el linaje de Zeus, conviven estos elementos indispensables para mantenerlo vigente. Vivimos tiempos que corren a toda prisa en los que resulta difícil detenerse a admirar la belleza del deporte. No hay paciencia con los ídolos. Las nuevas generaciones de aficionados necesitan datos para creer en la existencia de héroes: cuánto gana, cuánto corre, cuánto vale y cuándo llega el nuevo mejor jugador del mundo. Solemos confundir la fuerza con la grandeza, las alturas con el éxito y la velocidad con la juventud; con 20 títulos de Grand Slam y 36 años de edad, Federer ha vencido todas las leyes de la gravedad. La lógica del tenis lleva un lustro retirando a un tenista que le dio sus mejores lecciones desde el podio de los veteranos. Cuando los grandes atletas envejecen, enseñan más sus derrotas que sus victorias, Federer ha demostrado todo lo contrario. Mientras se arrugaba su eterna condición de favorito, iba transformándose en el más humilde de los novatos. En cada torneo, set y partido, puede apreciarse el espíritu del joven deportista encerrado en el cuerpo del decano. Hay una tendencia en la industria del deporte por reciclarlo todo, incluso a las leyendas. En esa dinámica destructiva no hay peor escenario que el tenis. Porque un equipo sigue existiendo sin sus figuras, pero el tenista se extingue cuando el hombre de blanco abandona. Llegando a esta etapa de su vida, donde cada punto es una lucha existencial, el mejor jugador de la historia decidió jugar contra sí mismo: el viejo Federer no podía encontrar rival más temible que la sombra del joven Roger.

josefgq@gmail.com

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