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Domingo , 23.09.2018 / 07:34 Hoy

Cartas oceánicas

Colombiano

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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El espinoso proceso del profesor Juan Carlos Osorio fue juzgado siempre bajo el resultado y las constantes modificaciones, que a su criterio, necesitaba la selección. Pocas veces su trabajo pudo ser analizado desde la perspectiva del rival, es decir, a partir de su capacidad para estudiar a fondo cada uno de los equipos que México enfrentó. Una eliminatoria sin mayores complicaciones, una extensa y típica serie de amistosos, y los partidos oficiales entre Copa América y Confederaciones, apenas sirvieron para demostrar que Osorio, además de un entrenador terco y metódico, era en realidad un profundo y reconocido analista del futbol mundial. Esa faceta científica del colombiano nunca fue valorada por el medio mexicano como una virtud, al contrario, parecía que ese tipo de trabajo especializado estorbaba, y hasta sobraba en un técnico de selección nacional mexicana, acostumbrada a exigir como premisa fundamental lo que siempre se había puesto como máximo criterio de elección: conocer a la perfección la “idiosincrasia” de nuestro futbol. Esas cualidades de estratega, que tantas veces fueron menospreciadas en función de las famosas rotaciones, pudieron comprobarse ahora, cuando en pleno Mundial, demostró ser uno de los técnicos con mayor vocación de análisis en el torneo: de acuerdo al rival, al momento y al partido. ¿Puede equivocarse? Sí, como cualquiera a la hora de tomar de decisiones en un puesto de presión, pero debe reconocérsele a Osorio su enorme empeño para condicionar el juego del oponente aprovechando a fondo las variantes, que después de tantas rotaciones, ofrece México. Es difícil predecir el destino del técnico y la selección, una cosa ha quedado clara, Osorio enseñó a este equipo otra forma de procesar el juego. 

 
josefgq@gmail.com

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