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A morir a los desiertos

De estos días en que vivimos en el infierno

José Manuel Vázquez Navarro

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Es de noche y escribo estas líneas a 37 grados centígrados a las 9 de la noche, en este mismo diario hay una nota que indica que se alcanzó una temperatura de 44.8 grados a las cinco y media de la tarde; son días en que vivimos en el infierno, sumergidos en una terrible ola de calor que azota al país y que nos hace reflexionar sobre qué es lo que pasa con nuestro planeta.



Hoy fue un día especial, porqué tuve la fortuna de visitar el municipio de Peñón Blanco, Dgo., uno de mis sitios favoritos como naturalista y amante de los pueblos pintorescos de nuestro país. A las cuatro y media de la tarde y a 140 kilómetros de Gómez Palacio, intentaba atrapar una libélula en el riachuelo del balneario en “La Concha”, cuando se empezó a nublar y se dejó caer una ligera lloviznita. En ese momento, en el que estaba sentado en la orilla, con los pies en el agua y escuchaba el murmullo del correr del agua entre las piedras de una pequeña represita aguas arriba, sentí el gozo del choque de las gotitas frías de la lluvia en mí y pude observar las interminables sucesiones de círculos que producían las gotas al caer en el espejo de agua cristalina del riachuelo, colmado de pequeños pececillos que transcurrían entre mis pies y se perdían entre las plantas acuáticas.



Atesoré ese momento en el que sentía una paz profunda entre esas maravillas naturales que le dan sentido a mi vida. Ahora puedo calcular que en ese momento existiría quizá una diferencia de 15 grados centígrados menos de temperatura que en la ciudad de Gómez Palacio. A pesar de que el espacio era ideal, en el riachuelo había botellas plásticas de refresco, envolturas de algunas frituras, los infaltables vasos y platos de unicel y anillos plásticos que sostienen los six-pack de cerveza. Otra triste observación es que en su afán de ampliar el balneario se había retirado una buena cantidad de árboles, que si bien se habían intentado reponer, aún tenían muy poco follaje. Debido a la remoción de maleza, la ausencia de flores era muy notoria; lo sufrieron los estudiantes que me acompañaban, ya que al intentar servirse refresco, un ejército de abejas les hizo moverse constantemente para evitar el asedio de estos insectos.


En nuestra jungla de asfalto y cemento, hemos eliminado los árboles y jardines despiadadamente y sólo los extrañamos cuando buscamos dónde estacionar nuestro coche. Seguimos tirando basura, emitiendo gases carbonados y practicando un consumo desmedido y ruin. El próximo martes 5 de junio se celebrará del día mundial del medio ambiente, hagamos un espacio de reflexión y cambiemos radicalmente nuestra actitud con respecto a lo que hacemos con el planeta. O quizá ¿Le gustaría vivir en el infierno? 


mavazna@hotmail.com

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