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Jueves , 13.12.2018 / 03:56 Hoy

A morir a los desiertos

De calor, hierba, insectos y promesas

José Manuel Vázquez Navarro

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La vida continúa. El verano, que pareciera que este año empezó hace un siglo, apenas cumplió su tercera semana; las lluvias que se han presentado, intermitentes y de repente lo hacen más llevadero a pesar de los bochornos de esas mañanas húmedas en las que el calor convierte la calle en una olla de vapor. La canícula se acerca sigilosa y no lo notamos. Debido a que la primavera se convirtió en verano adelantado, muchos procesos vegetales se aceleraron: los melones, sandías y brevas llegaron muy rápido, mientras que (como dijo un buen amigo) los nísperos (jujubes) maduraron sin que iniciara aun la tour de Francia. 


Y es que las plantas e insectos al ser organismos poiquilotermos (que no pueden regular su temperatura corporal) aceleran sus tasas de desarrollo con el incremento de la temperatura, por lo que sus ciclos se cumplen más temprano en el calendario de los humanos (que por el contrario, somos homotermos).


En el escenario de esa compleja puesta en escena que llamamos ecología, las plantas son los seres que detonan las intrincadas cadenas alimenticias. El mar de días calientes de primavera, aderezado con las lluvias generan un incremento de la biomasa vegetal que llamarán a hordas de insectos a crecer y reproducirse dada la bonanza en el alimento. Si no cortaste la hierba en tu jardín, en este momento será una intricada selva llena de relaciones promiscuas entre plantas y come hierbas. Después, la cadena virtuosa escalará a otros niveles; las aves tendrán muchas semillas y bichitos para alimentarse y los enemigos naturales de los plumíferos se darán gusto.


Pensar y escribir sobre estos ciclos armónicos me emociona, porque ello me traslada a la cuarta semana de septiembre, en que llegará el otoño con la promesa de presentarnos la mayor cantidad y diversidad de insectos del año. Ya luego se presentará octubre y encontremos varias especies de catarinitas multicolores rechonchas, que empezarán a caer del cielo como las nueces, que también intentan escapar del yugo del ruezno para alcanzar el suelo, así como pasarán algunos insectos y aves migrantes que intentarán escapar del inicio de las temperaturas congelantes del norte, cuando los tiernos nabos silvestres asomen pudorosos sus verdes hojitas ante la promesa de la partida de las temperaturas tórridas. Y ya entonces, esperaré ese día lluvioso y helado en que disfrutando del frio en el jardín, sentado en mi mecedora, recontaré todas esas maravillas naturales que este 2018 me habrá dejado atestiguar. 



mavazna@hotmail.com

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