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Jueves , 18.10.2018 / 13:37 Hoy

Columna de José Manuel Mier Odriozola

Mitos y realidades sobre las infecciones postoperatorias

José Manuel Mier Odriozola

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Una de las situaciones que mayor estrés personal y familiar puede ocasionar es recibir la noticia por parte del médico tratante que uno debe someterse a una cirugía.

Al estrés que conlleva la operación: éxito, recuperación y secuelas, se suma el de contraer una infección intrahospitalaria en la cirugía; un peligro real, pero prevenible.

Si echamos la vista atrás vemos que la cirugía, tal y como la entendemos hoy, con un alto porcentaje de éxitos, no tiene más que 100 años. En este último siglo se ha normalizado el uso de anestesia, así como la desinfección de las áreas que se van a operar como la asepsia y antisepsia de las manos del cirujano. Asimismo, solo hace un siglo que se utilizan guantes, bata y cubrebocas durante las cirugías.

Al ser tan recientes estas medidas, persiste el pensamiento generalizado de que los procedimientos quirúrgicos son peligrosos. Tanto, que pueden llevar a la muerte.

Es cierto que las instalaciones de todos los hospitales del mundo, ya sean de la categoría que sea, son habitados por microorganismos adaptados al hábitat estéril de los bloques operatorios, lo que los vuelve más virulentos y peligrosos, pues su respuesta a los antibióticos es menor que la de las bacterias que se puedan contraer fuera del hospital.

Las infecciones más corrientes o bien son de heridas quirúrgicas o bien son respiratorias; la intubación y la ventilación mecánica hace más fácil la entrada de microorganismos en el cuerpo. Otras infecciones menos frecuentes son las urinarias, las intestinales y las de las vías vasculares de acceso.

Cabe señalar que no todo el mundo está igual de expuesto. Existen factores de riesgo identificados con la edad, la obesidad o con el padecimiento de enfermedades asociadas (cardiopatías, problemas pulmonares, hematológicos, etc), diabetes mellitus, estados inmunosupresivos consecuencia de enfermedades de base (VIH, lupus, artritis reumatoide, etc.) o de tratamientos con esteroides y quimioterapéuticos.

La manera más sencilla de combatir estas complicaciones es identificar los factores de riesgo en los pacientes y prevenir. Esto se fomenta con el uso de antibióticos de uso profiláctico para algunos tipos de cirugías y con la movilización o la rehabilitación respiratoria del paciente lo antes posible tras la operación. También es esencial la prontitud en curar las heridas de las vías de acceso vascular y en retirar las sondas urinarias. También lo es que el paciente sea dado de alta en cuanto sea posible.

Finalmente, es esencial elegir un hospital que cuente con un comité de control de infecciones que atienda las infecciones intrahospitalarias, asegurando así un buen nivel de atención y calidad.

El paciente debe pues sentir confianza al entrar en un quirófano, porque la tecnología y los avances técnicos hacen de que solo dos casos entre 100 contraen infecciones.

*Director de la Fundación Inside

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