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Sábado , 20.10.2018 / 02:05 Hoy

De paso

¿Un nuevo México?

José Luis Reyna

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Para sorpresa de todos, ayer domingo 1 de julio se supo el resultado preliminar de la elección presidencial. Ganó AMLO. Es tan contundente su victoria que sus principales opositores, de manera inmediata, reconocieron que las tendencias no les eran favorables. En un acto inédito, Jose Antonio Meade reconoció su derrota, al igual que Ricardo Anaya. Nunca antes en la historia electoral de México se dio un gesto tan profundamente democrático; en la derrota también habita la generosidad. Sin duda que el próximo gobierno tendrá una oposición real, la que será indispensable para reforzar nuestra democracia.

México se hartó. El fracaso de los sexenios panistas se consolidó con el “nuevo PRI” de Peña Nieto. Se sofisticó la corrupción, se refrendó la “ley de la impunidad” y se llenó de sangre, violencia e inseguridad al país todo. Pese a que la democracia es bienvenida como régimen de gobierno, en México su clase política no se dio a la tarea de consolidarla. No se construyeron, desde la alternancia de 2000, las instituciones que pudieran impedir el saqueo y la masacre ante los ojos de una sociedad abarrotada de pobres y un puñado de ricos, la ineficacia con la que se combatió al crimen organizado, cuya consecuencia fue la penetración del poder político, sobre todo a nivel local, lo que convirtió a nuestro país en un archipiélago de narcomunicipios, de narcoestados. La ley de la impunidad, nunca decretada pero siempre asumida, hundió al país y, sobre todo, golpeó a su sociedad.

A partir de ahora, el país tiene que refundarse bajo el principio del respeto a las diferencias, de eso depende la legitimidad del próximo gobierno. Una tarea titánica está por delante. La victoria de AMLO significa una redefinición profunda de nuestro sistema político. Entraremos en terrenos incógnitos y resbaladizos. Es probable que los residuos del viejo régimen se opongan con ferocidad a lo que viene: se perderán privilegios y canonjías, se anularán los favoritismos, se acabó con el compadrazgo.

La victoria de AMLO insinúa un cambio profundo. No será de la noche a la mañana. Llevará su tiempo. Un régimen otrora tan robusto como el que está feneciendo no se liquida con rapidez. Responderá con coletazos que, si se encauzan dentro de la ley, constituirá una oposición política válida que habrá de fortalecer a nuestra democracia.

Es la tercera alternancia en 18 años: la de 2000, la de 2012 y la de ahora, con la diferencia que ésta vira hacia la izquierda. Sería deseable que esta alternancia lleve al país por mejores destinos y que no se convierta en fallida, como fueron las otras. La reconciliación será una estrategia clave para que México deje de ser una entidad dividida y confrontada.

Por donde se vea, estamos ante un México distinto y eso es lo esperable. Los errores del régimen anterior (priistas y panistas combinados) tienen que conformar una especie de recetario para evitarlos, revisarlos y proponer objetivos de un verdadero cambio que permiten a la sociedad caminar por veredas más confiables, más seguras, con más beneficios para la mayoría y sin tanta muerte. ¿Ha surgido un nuevo México? El tiempo y la acción del nuevo gobierno lo dirá.

jreyna@colmex.mx


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