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Lunes , 22.10.2018 / 16:23 Hoy

De paso

Robo en despoblado

José Luis Reyna

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México es un pobre país y, a la par, un país pobre. Es un pobre país porque muchas de sus autoridades lo han saqueado sin mesura. Un país de corruptos y quien no lo sea, que “tire la primera piedra”. Pero hay de corrupción a corrupción. Antes se hizo como hábito imperdonable; ahora, en los tiempos “democráticos”, se hace con imprudente desparpajo. Imposible negarlo: la historia de México no podría entenderse sin el ingrediente corruptor: “nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos”, de acuerdo con Álvaro Obregón. Esta frase es la premisa del actuar político de ayer, de hoy, y de quién sabe hasta cuándo. El país pobre que tenemos se explica porque nuestro México es un pobre país. Lo atestiguan 55 millones de mexicanos y un puñado de encumbrados.

Se roba ante los ojos de muchos: como si fuera en despoblado. El gobernador con licencia Javier Duarte es, hasta ahora, la más refinada prueba al respecto. Lo hacen muchos otros, aunque no con el ímpetu que este personaje se atrevió: demostró que, en el ámbito de la política, se puede ejercer el añejo hábito de desvalijar el erario de manera muy organizada. Una práctica de años, denunciada por tantos, que se persigue cuando el supuesto delincuente ya se esfumó. Propiedades por doquier, adquiridas con los recursos públicos siempre tan escasos para lo que se requiere, pero no para despilfarrar. En pleno siglo XXI, “época democrática”, puede robarse ante el desenfado de la ley.

El gobernador veracruzano con licencia no es el único. Muchos otros gobernantes compiten para arrebatarle su supremacía. Padres, el panista sonorense prófugo también, no queda en un lugar lejano al priista veracruzano. Constructor de presas ilegales, quien alguna vez declaró que tenía unos “ahorritos” de solo 21 mil dólares. Dueño de caballos pura sangre y tierras de nogal irrigadas con agua de procedencia ilícita.

Las sombras de Padrés y Duarte nublan los pasos de Borge, ex gobernador de Quintana Roo, que se encuentra “desaparecido”. Borge armó, como los mencionados, entelequias para hacerse de muchos inmuebles valiosos en Quintana Roo. Robó y despilfarró, como los otros, pero se está olvidando en medio del barullo que producen el veracruzano y el sonorense. El Duarte chihuahuense es de la misma especie: hasta un banco (de ahorro, por cierto) se mandó a hacer. Construyó también su presa y, en sus tierras norteñas nunca se pone el sol, como lo dijo un campesino al referirse a los ranchos y casas de campo que el nuevo “banquero” y ex gobernador posee. No olvidar a Aguirre de Guerrero.

Son los gobernadores de la alternancia. Algunos del “nuevo PRI,” como alguna vez los definió Peña Nieto. Los panistas, desde el 2000, siguieron el ejemplo de la elaborada cultura priista de la corrupción. Recuérdese al ex gobernador de Aguascalientes Reynoso Femat. Como los mencionados, pero éste indiciado y convicto. Sin embargo, pagó una multa irrisoria, depositó una fianza y sirve su condena en libertad plena disfrutando de lo usufructuado. Pobre país, por eso es tan pobre: lo han robado en despoblado.

jreyna@colmex.mx

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