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Viernes , 21.09.2018 / 10:59 Hoy

De paso

Los sismos brindan oportunidades inesperadas

José Luis Reyna

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Los desastres naturales no solo alteran el entorno del lugar donde sucede, sino redefinen súbitamente las acciones colectivas y sociales. Por ello las muestras espontáneas de solidaridad tienen magnitudes que no son observables en la cotidianidad. La solidaridad con las víctimas es una reacción humana, no atribuible a una sola nación o cultura. Con base en datos empíricos, puede sostenerse que en una zona de desastre son más los que ingresan como brigadistas o rescatistas que los que salen indiferentes al problema. Esta es una de las explicaciones que puede ofrecerse para entender a la sociedad civil mexicana en 1985, la que rebasó a la autoridad y de alguna forma empezó a redefinirla: en 1987, el PRI sufrió un desprendimiento político que condujo al sistema a romper su estructura monolítica. Tres años después casi pierde las elecciones presidenciales.

No es fortuito que el presidente Peña Nieto encabezara, el pasado viernes, una reunión con casi todos los miembros de su gabinete en Ixtepec, Oaxaca, ciudad enclavada en el Istmo de Tehuantepec y devastada significativamente por el sismo del 7 de septiembre. Vale preguntarse ¿qué motivaría organizar una reunión de tan alto nivel en un lugar con una población menor de 30 mil habitantes? La respuesta es simple: enviar el mensaje de que la administración presidencial de Peña Nieto está plenamente comprometida para atender la crisis telúrica que, dicho sea de paso, es de dimensiones y costos descomunales.

Los desastres naturales de este mes sin duda replantearán las campañas políticas de 2018. Tendrá que hablarse de inversiones importantes para la reconstrucción, la redistribución de recursos públicos entre los partidos y evitar su desvió por los funcionarios públicos, como es el caso de tantos gobernadores. Los recursos disponibles actuales alcanzan para un limitado rango de acción. Se necesitarán muchos más si efectivamente quieren lograrse metas viables después de la destrucción y antes de las elecciones.

Incluso una posible victoria presidencial priista tendría que tomar en cuenta un candidato que no solo se identifique con es problema de la catástrofe, sino que tenga las habilidades y el carisma de hacerse aceptar por un núcleo importante del electorado. Peña Nieto ha reaccionado bien ante la adversidad que como país enfrentamos. Ha estado en el lugar de los hechos y ha infundido esperanza a la gente. Es su papel. Es más, puede predecirse que las próximas encuestas tendientes a medir la aprobación presidencial, el Presidente ganará algunos puntos a su favor tan solo por hacerle frente a los graves problemas de septiembre. Peña, sin embargo, ya está haciendo campaña para su posible sucesor en la zona siniestrada.

El jefe de Gobierno de CdMx va en la misma dirección. No renunciará a su cargo antes de resolver los muchos problemas que trajo consigo el sismo en la capital. No hay mejor lugar para hacer campaña que la propia ciudad, tan afectada la semana pasada. Podrá tener contacto con diversos sectores sociales, exponerse mediáticamente. Los desastres a veces brindan oportunidades nunca esperadas.

jreyna@colmex.mx

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