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Lunes , 23.07.2018 / 05:37 Hoy

La insaciable burocracia mexicana

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México, el país de los contrastes profundos. La desigualdad es, y ha sido siempre, uno de sus rasgos distintivos. El salario mínimo en nuestro país equivale a una décima parte, en promedio, de lo que se paga en Estados Unidos, Canadá y la mayoría de los países europeos. Una razón, dicho sea de paso, para que el TLC no fenezca. La ganancia capitalista tiene más fuerza que la justicia salarial. En México, en efecto, el empleo ha crecido. Así lo dice, día a día, el Presidente de la nación. Sin embargo, muchos trabajadores, pese a estar empleados, se encuentran en la marginalidad. Los salarios tienden a ser insuficientes y permiten tan solo una magra sobrevivencia. Aproximadamente, 40 por ciento de la población se encuentra en condición de pobreza extrema y siete de cada diez mexicanos se encuentran en algún grado de vulnerabilidad.

Por otro lado, los millonarios en México poseen fortunas que crecen, año tras año, de manera exponencial. Dieciséis millonarios (estudio de Oxfam, 2016) poseen alrededor de la mitad de la riqueza nacional, mientras que 23 millones de mexicanos no pueden comprar la canasta básica, a pesar de tener un salario mínimo.

Lo anterior sirve para comparar la ostentosa burocracia de élite del país. Al igual que en la sociedad, el patrón de desigualdad recorre las venas del sistema gubernamental. De acuerdo con un estudio de la OCDE (Government at a Glance, 2017), México se clasifica con uno de los ingresos por habitante más bajos dentro de esa institución: 8 mil 201 dólares anuales, muy abajo del ingreso promedio de los países miembros de esa organización: 36 mil 741 dólares. En contraste, el Estado mexicano le paga, en promedio, a sus servidores públicos de alto nivel las remuneraciones más elevadas entre los 34 países que integran la OCDE, con la excepción de Colombia.

Un funcionario mexicano, a nivel de subsecretario, percibe una remuneración equivalente a 13 veces el ingreso por habitante del país, ingreso que supera la alta burocracia de países como Suiza, Italia, Australia, Canadá, Reino Unido y Francia, entre otros países (El Financiero, 9/I/18). Al considerar las inmensas carencias de nuestro país, es inmoral que un funcionario gane 4.65 millones anuales (casi 400 mil pesos mensuales), como es el caso del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El presidente Peña más de 3 millones al año. Los funcionarios de las distintas instituciones que conforman el sistema del país (INE, Auditoría Superior de la Federación, Ifetel, secretarios de Estado, etcétera) tienen emolumentos superiores a los 2 millones de pesos anuales, más bonos y prestaciones. Compárense estas cifras con el nuevo salario mínimo, celebrado con bombo y platillos por el jefe del Ejecutivo, de 88 pesos y centavos; menos de 2 mil 700 pesos mensuales. Esta radiografía demuestra que la búsqueda del poder en México tiene como propósito la insaciable acumulación de riqueza de la élite y no tanto la vocación de servir. ¿Hay alguien de la élite burocrática pobre? La disputa del poder se da, en gran medida, por ambiciones personales. La dorada élite burocrática mexicana así lo demuestra.

jreyna@colmex.mx

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