• Regístrate
Estás leyendo: El PRI, contra la adversidad
Comparte esta noticia

De paso

El PRI, contra la adversidad

José Luis Reyna

Publicidad
Publicidad

El PRI está contra las cuerdas. Sigue ganando elecciones, pero con menos votantes. Su voto duro se encoge. A escala nacional, no hay encuesta que lo ubique más allá del tercer sitio. Su cohesión interna dista mucho de la mostrada durante su época dorada. La disciplina, uno de sus principales activos, está erosionada y parte de su militancia, resentida: ésta, en muchos sentidos, fue ignorada. Su presencia nacional está opacada por uno de los peores desempeños presidenciales en la historia. A Peña Nieto lo aprueba uno de cada cinco ciudadanos. En México, un presidente débil se correlaciona con un partido débil: una relación simbiótica. Se puede predecir, con base en lo anterior, que es improbable una victoria tricolor en los comicios del año entrante.

Algunas razones: una ciudadanía crecientemente malhumorada, entre otras cosas, por la falta de comunicación con quienes la gobiernan. El agujero morelense es uno de los últimos ejemplos. Se hacen peritajes o sendas investigaciones, según sea caso, pero es difícil hallar responsables. La impunidad ha erosionado al PRI y a sus gobernantes. La clase política y la ciudadanía, además, están distanciadas. La figura presidencial, desde la FIL de Guadalajara en 2012, se aisló (o la aislaron) ante el temor a la crítica y los “resbalones”. Ese episodio generó un miedo de tal magnitud a la equivocación, que el jefe del Ejecutivo transitó de líder posible a una casilla más en el organigrama político. Su aislamiento y los escándalos del sexenio degradaron significativamente la credibilidad del régimen.

La elección del año entrante será inédita. El escenario está integrado por una ciudadanía irritada, un escenario electoral fragmentado, el surgimiento de un posible frente y una postura ciudadana en extremo crítica contra la administración presidencial y del partido que la sustenta. El nuevo PRI, el de Peña Nieto, no funcionó. Será muy difícil vender otro nuevo PRI, aunque se rompan candados. Para ello es necesario garantizar que no habrá nuevos Duartes, Borges y Medinas: misión (casi) imposible.

La corrupción se salió de control. Se le dejó fluir con desparpajo. No hubo intento alguno de control de daños y, ante tal omisión, ahora viene el castigo. La política dejó de ser vocación (Weber) y se convirtió en un asunto de negocios. La evidencia muestra que acceder a un puesto público es el atajo más corto para hacer un patrimonio cuyo monto puede abarcar varias generaciones. Los gobiernos panistas (2000-2012) ensayaron, y con mucho profesionalismo, el modelo de la política como el arte de negociar, en su provecho, con las finanzas públicas. En esta administración también. Es necesario erradicar la colusión entre la política y el dinero. Los costos están a la vista: una casta de políticos ricos impunes, otros perseguidos, algunos más en la cárcel, un escenario de brutal desprestigio. La corrupción ha lastimado toda la estructura del país. El año entrante será inédito y difícil, en particular para el PRI que tiene, por ser gobierno, la adversidad en contra.

jreyna@colmex.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.