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Domingo , 24.06.2018 / 17:50 Hoy

De paso

El miedo

José Luis Reyna

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Se echa mano del miedo, como una herramienta política, cuando las circunstancias son adversas para alguien determinado. Por supuesto que no es una práctica de patente nacional, sino un ejercicio practicado desde siempre. En México se ha aplicado con éxito. En 2006, ante la fortaleza política de López Obrador, el establishment panista lo definió como un “peligro para México”; con AMLO, el país indudablemente iría a la ruina. Se quebraría el modelo económico neoliberal y nuestra incipiente democracia experimentaría una regresión a los tiempos más sórdidos de la era del autoritarismo priista y al modelo “cerrado” de economía. En 2006, el miedo triunfó, “haiga sido como haiga sido”. Funcionó esa estrategia que hizo ganar a Felipe Calderón. AMLO llevaba una ventaja significativa en las encuestas que se desmoronó, entre otras cosas, por errores de algunos de sus planteamientos, pero también por el miedo infundido por los que mandan, quienes no estaban dispuestos a perder el modelo que en verdad importa: el de los “privilegios”.

En 2018, el escenario en muchas formas vuelve a repetirse, aunque muchas circunstancias son distintas. Por el momento, AMLO aventaja a sus adversarios políticos: entre 9 y 12 puntos porcentuales respecto al segundo lugar. Sin embargo, la diferencia más importante en la elección que se aproxima y la de 2006 no es el cambio de un modelo económico por otro, como rezan los prianistas. No es que se reviertan las reformas estructurales. El gran temor del establishment actual es la alteración del modelo de prebendas de hacerse de recursos públicos amparados en una función oficial (Sedesol, Sedatu, Sagarpa, SCT). Abolir ese modelo, en caso de que AMLO resulte triunfador, echaría abajo el lucro fácil de una clase históricamente amparada por los gobiernos del PRI y del PAN.

Ante la desventaja significativa del candidato Meade es necesario recurrir a prácticas extremas; los argumentos le sirven de poco, pues hay una aberración generalizada de la ciudadanía hacia quienes hoy nos gobiernan. Hay que echar mano, por tanto, de otras tácticas que tengan como fin último revertir la situación. El miedo es uno de los mecanismos. Hay que salvarnos de la debacle que viene, en caso de perder, dirían los prianistas. La propaganda del miedo ya se echó a andar. El spot de una niña desesperada porque se vendrá abajo la reforma educativa y con ella sus sueños e ilusiones. Un padre comprensivo le dice: “no te preocupes, va a ganar Meade”. La “amnistía” a los delincuentes infunde miedo también, pues la sociedad, se arguye, quedaría en sus manos: sería la barbarie. Habría que añadir también que el miedo se hace sentir hacia las instituciones: el máximo Tribunal Electoral del país hizo caso omiso de las trampas cometidas por los aspirantes independientes (Rodríguez Calderón y Zavala). Esa institución se hundió en la ilegitimidad, en el descrédito: la posibilidad de una elección fraudulenta. Hay que tener miedo a que sigue prevaleciendo un sistema cuyo armazón se cimienta en la corrupción. Hay que tener miedo por el derruido estado de derecho que nos rige. Hay que tener miedo ante la guerra sangrienta que nos envuelve. Sí, hay muchos miedos. El error es pensar que haya uno solo.

jreyna@colmex.mx

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