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Lunes , 15.10.2018 / 19:46 Hoy

De paso

El doble remolque; esa plaga que padecemos

José Luis Reyna

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Se estima que los camiones de doble remolque (CDR) tienen que ver con la muerte de alrededor de mil personas al año. La voracidad empresarial es, en gran medida, responsable de esa cifra. En México circula alrededor de medio millón de tráileres de dimensiones que solo se toleran aquí. “Es el único país del mundo donde se autoriza cargar camiones con más del doble del peso permitido” (F. Garfias, Excélsior, 1/X/16). Los CDR son 3.2 veces más peligrosos que uno con un solo remolque. Pese a ello, la vigilancia que la autoridad ejerce en cuanto al peso y la longitud de esos vehículos es casi inexistente. Se viola la ley todos los días y todos los días hay un saldo mortal.

Los intereses empresariales se anteponen a la seguridad y a la vida. La ganancia exuberante sobre todas las cosas. Es posible transportar, de acuerdo con la ley, 66.5 toneladas por viaje, en tráileres de 31 metros de largo. Sin embargo, ese tonelaje es rebasado con frecuencia. Se ha mencionado que hay cargas cercanas a las 100 toneladas. Enfrentar al sector empresarial es, sin duda, un reto en alto grado complejo. Los empresarios cerveceros, los refresqueros y los panaderos, entre otros, imponen su interés pecuniario sin importarles las consecuencias. Entre más carga se transporte en un solo viaje, mayor será la ganancia empresarial y mejor la paga de los conductores, que suelen exceder los límites de velocidad y regar la muerte.

Existen varias iniciativas de ley para frenar esa plaga mortal. El senador Barbosa, del PRD, se ha pronunciado por prohibir la circulación de los CDR. Que se reduzca el peso a un máximo de 40 toneladas y se reduzca a 22 metros el largo de los mismos. El PRI, por su parte, se inclina por prohibir aquellos vehículos que transporten materiales y residuos peligros. De aprobarse esta iniciativa, entraría en vigencia tres años después de aprobarse.

Es tan fuerte el reclamo contra esos vehículos que la semana pasada las secretarías de Gobernación y de Comunicaciones y Transportes acordaron (un raro convenio que suena burocrático) reforzar (supone, por tanto, una debilidad) la supervisión de los autotransportes de carga. Implicaría la modificación de las leyes correspondientes, lo que atraería la participación de la Cámara de Diputados. Conociendo la celeridad y el burocratismo del órgano legislativo, es muy probable que cualquier cambio tomaría mucho tiempo para su aprobación. Equivaldría que la plaga de los CDR, basado en las leyes actuales y la negligencia de la autoridad, seguirán causando los mismos estragos como hasta ahora.

Queda, mientras haya algún progreso al respecto, aplicar la precaria ley existente a los autotransportes tal como acordaron las secretarías de Estado mencionadas. No obstante, se trata de una buena intención. Lo importante es que se mejoren las leyes al respecto y que las modificaciones no sean en un futuro lejano. Mientras eso ocurre, la plaga mortal de los CDR seguirá asolando las carreteras ante la mirada negligente de funcionarios y legisladores, y a costas de la seguridad y la vida de la ciudadanía.

jreyna@colmex.mx

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