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Martes , 11.12.2018 / 06:03 Hoy

De paso

El "dedo", los "tapados", las matracas

José Luis Reyna

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La alternancia de 2000 permitió la entrada de un disfraz en cuyo nombre todos los actores políticos, sin excepción, hablan de democracia: elecciones cuidadosamente vigiladas (por algo lo son), gastos rigurosamente fiscalizados (la desconfianza no se ha perdido), cambios fundamentales para el bien común (aunque la pobreza persista) y un autoritarismo desterrado (¿¿??), entre otras farsas. Sin embargo, todo sigue igual de mal. El sistema de partidos es despreciado por la ciudadanía. Los partidos cuidan más de sus intereses pecuniarios, incrementados significativamente para el año entrante, sobre cualquier otra cosa. Se sabe, además, que los partidos ocultan los gastos ante la autoridad electoral para usar los dineros en actividades no del todo permitidas. El año pasado el PAN ocultó ante la autoridad electoral 70.1 millones de pesos, el PRI 63.3, el PRD 47.5 y Morena 22.2 (Reforma, revista R, 13/VIII/17). Recursos emanados del erario, de los impuestos de los contribuyentes que se destinan a actividades opacas. Gastos en camisetas, música, gorras y matracas. ¿Qué tinaco es más vistoso, qué tarjeta es más “convincente”?) La democracia souvenir.

La política es una actividad desprestigiada por sus resultados y por las decepciones y fracasos que, con frecuencia, produce. Un sistema político desgastado que conduce a otras alternativas: la avalancha de aspirantes independientes a ocupar los puestos de mando o la posibilidad de frentes amplios que luchan contra un mal (o males) común: la ruindad e insensibilidad de los políticos ante los lacerantes problemas de la sociedad.

La cultura priista en su apogeo. No solo seguida por el viejo partido, sino por los demás. El PAN envuelto en una feroz batalla interna cuyo fin último, y único, es el ejercicio del poder entre familias de alta alcurnia cristiana para beneficiarse ellos, no los posibles gobernados. El PRD sin rumbo y dependiendo de una posible alianza para defender lo poco que les queda. Morena creyendo que el combate a la corrupción y su presunta honestidad derrotarán los males que nos aquejan. El PRI, maquillado y rompiendo candados, se “abre” a la ciudadanía a pesar de que un solo dedo, con su matraca respectiva, es el instrumento decisorio y definitorio para la designación de un candidato cuya probabilidad de triunfo es escasa.

El desprestigiado sistema de partidos con el que contamos es, sin duda, insuficiente para satisfacer las demandas de una ciudadanía cada vez más irritada, más cuestionadora, más activa e inconforme y con toda la razón: ese sistema le ha quedado mucho a deber. La ineficacia y la corrupción como explicaciones probables.

El año entrante será crucial para la vida política del país. Una especie de parteaguas. No solo por la fragmentación del voto, sino, como consecuencia de ésta, la debilidad de un gobierno que no será del gusto de siete de cada 10 electores. Es necesaria la participación de nuevos actores, los independientes por ejemplo, o un frente, a la uruguaya, que para legitimarse tendrán que dejar afuera de la contienda lo que es tan propio de nuestro folclor: el dedo, las luchas intestinas, el tapado y las matracas.

jreyna@colmex.mx

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