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Sábado , 22.09.2018 / 14:52 Hoy

De paso

Cinismo y pobreza

José Luis Reyna

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Este, el muy triste México de nuestros días, se distingue, entre otras muchas cosas, por el exacerbado grado de cinismo y ostentación de nuestra clase política y por la pobreza en que se encuentra inmersa más de la mitad de nuestra población. Dos facetas contradictorias de una misma realidad. Dos expresiones que se complementan y, de paso, nos retratan. Una y otra se amamantan. Una no podría vivir sin la otra; son siamesas. Los lujos lucen más en un escenario de pobreza. Ésta, a su vez, se hace más punzante ante el despilfarro de los pocos. Una clase política acostumbrada a los desplantes fastuosos, sin pudor alguno, mientras en el otro extremo millones de seres hacen esfuerzos desmedidos en aras de sobrevivir el día a día. Nuestro México de la desigualdad extrema.

Nuestros políticos, tan proclives a la celebración desbocada, una vez más se exhibieron: festejaron un enlace matrimonial y, a la vez, reiteraron que en este país, para ellos, todo marcha bien y los problemas del país algún día serán resueltos. El líder del sindicato petrolero, Romero Deschamps, reunió, con pompa y circunstancia, a una parte de la élite política para celebrar la boda de una de sus hijas, la que pasea por el mundo con sus mascotas llenas de pedigrí, la que exhibe joyas millonarias. El festejo no tuvo lugar en la mansión del también senador priista. No habría cabido tanta gente de alcurnia. Se celebró en uno de los hoteles de cinco estrellas de nuestra muy noble y leal CdMx. Concurrieron al casorio, ante la generosa invitación del sindicalista petrolero buena parte de aquellos que son parte del firmamento político. Esos que gritan que todos son corruptos y desvergonzados, menos ellos y el anfitrión. Los que asumen no tener cola que les pisen. Los que se solapan entre sí.

Acorde con la vida de un sindicalista mexicano, la mesa de regalos se le encargo al (totalmente) Palacio de Hierro. La seguridad estuvo a cargo de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la capital, pagados por el erario, con el fin de que no fuera a colarse alguien que desplomara socialmente el festín y a los invitados. Fue un momento de esparcimiento para, al día siguiente, continuar en el arduo esfuerzo en favor del país y los trabajadores.

Al mismo tiempo del bodorrio, nos enterábamos que después de 25 años de fundada la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), sus políticas han servido de nada. En un cuarto de siglo se han invertido alrededor de 1.5 billones de pesos que no han servido para disminuir la pobreza; de hecho, su nivel está estancado. Sirvió sí, para ensanchar una muy bien pagada burocracia. Mucho dinero gastado, efímeros resultados obtenidos (Revista R, 21/V/17). El país sigue igual de pobre. ¿Dinero mal gastado? ¿Políticas públicas ineficaces? ¿Recursos destinados a otros fines (electorales)? Seguimos siendo el país de siempre. El de la desigualdad profunda, el de los contrastes extremos. El país donde se conjuga, con desparpajo, el cinismo de pocos y la pobreza de muchos.

jreyna@colmex.mx

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