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Domingo , 23.09.2018 / 00:02 Hoy

De paso

Aprobación presidencial en picada

José Luis Reyna

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El presidente Peña Nieto sigue reprobado. De acuerdo con una encuesta del diario Reforma, solo 30 por ciento de los ciudadanos entrevistados aprueba su gestión. Los líderes (académicos, políticos, dirigentes de la iniciativa privada, entre otros) le otorgan un nivel más bajo: 21 por ciento. Es la calificación más baja en lo que va de su administración. Y es la más pobre evaluación al comparársele con los tres mandatos que le preceden (Reforma, 13/IV/16). Sin duda, malas noticias para el jefe del Ejecutivo.

Uno de los factores que explica su desplome es el manejo contra la corrupción. De los datos de esa encuesta se puede deducir que el rubro que tiene la peor evaluación es el combate a esa lacra. Tres de cada cuatro ciudadanos (73 por ciento) creen que es inadecuado como se ha manejado ese mal. Y al considerar a los líderes la cifra se eleva a 92 por ciento, nueve de cada diez. El enemigo principal de esta administración, sin duda, es la corrupción que permea todos los poros del sistema.

La corrupción es un ingrediente que resta, de manera significativa, la credibilidad y la legitimidad del gobierno. Que influye en la visión de futuro de la sociedad. No es fortuito que 75 por ciento del total de los entrevistados perciban que el país va por mal camino. Cabe decir que la administración presidencial actual no ha enfrentado, con rigor, ese mal que por cierto no es cultural, sino un componente institucional en el que descansa el engranaje del sistema. Es como el aceite que le permite funcionar, en todos sus niveles, desde la cúpula hasta los sótanos de la estructura social y política del país.

Una de las iniciativas del Presidente, al inicio de su mandato, fue el establecimiento de un Sistema Nacional Anticorrupción. Se aprobaron, en su naciente sexenio, varias reformas estructurales de "gran calado" que catapultaron a la Presidencia a niveles muy elevados de aceptación. La transparencia, sin embargo, es retórica en este país; se relegó. La opacidad sigue siendo la triste realidad. No basta con hacer un discurso de buenos propósitos. Falta pasar a los hechos. Y para eso falta mucho, tal como lo demuestra la ineficiencia de ese ente burocrático llamado Secretaría de la Función Pública: un gasto innecesario que no investiga a profundidad pero sí exonera con facilidad.

En este espacio se ha dicho que Peña Nieto le apuesta al olvido. Que la casa blanca de las Lomas fue una anécdota, no un inmueble. Que su constructor, amigo del Presidente y de algunos miembros de su gabinete, tiene decenas de millones de dólares en un paraíso fiscal enclavado en Panamá. Tan no hay olvido que la semana pasada un grupo de diputados de oposición solicitó la conformación de una comisión especial que indague los contratos del dueño del grupo Higa y el gobierno del Estado de México cuando el hoy Presidente era gobernador de esa entidad.

No hay olvido. El agravio sigue presente y contando. Y si el Presidente quiere remontar su escaso nivel de aceptación en la que va de por medio su credibilidad como gobernante, tiene que anteponer la ley a la de los intereses que lo vinculan con sus amigos o sus favoritos. Su objetivo principal es la transparencia y la rendición de cuentas. No hacerlo, hará que este gobierno pase a la historia como muy corrupto. No hacerlo, frena la viabilidad del país como nación al castrarle su potencial de crecimiento.

jreyna@colmex.mx

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