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Lunes , 10.12.2018 / 22:59 Hoy

El Santo Oficio

Por terquedad informo…

José Luis Martínez S.

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El pasado jueves, en El Universal, Héctor de Mauleón cerró su colaboración con la siguiente nota: “Desde hace más de 14 meses, cada vez que esta columna aborda el narcomenudeo en la CdMx —pasó al tocar la delegación Cuauhtémoc, ocurrió más tarde al hablar de Tláhuac—, me llegan amenazas proferidas desde las redes sociales. Por terquedad informo que ahora más que nunca seguiré escribiendo sobre el tema y esperando que las autoridades den por fin con los responsables de este inaceptable intento de amedrentamiento”.

De Mauleón vive el periodismo en alto contraste. En un extremo están sus crónicas de la Ciudad de México, eruditas y amenas, herederas de la mejor tradición de la prensa nacional. En otro, sus reportajes y columnas sobre el infierno de la violencia y el crimen en el país, resultado de una pasión irrefrenable por la investigación y la denuncia, de un valor con frecuencia temerario.

El pasado miércoles, la nueva amenaza contra De Mauleón llegó a través de un video donde se muestra cómo, en un stand de tiro, su foto es utilizada como blanco mientras en un letrero se lee: “La sentencia está por cumplirse, la muerte ha llegado”.

Las siguientes líneas expresan la solidaridad de algunos de sus amigos y el repudio a los intentos intimidatorios contra Héctor de Mauleón.

Juan Manuel Gómez: Conocí a Héctor en un aula de la Universidad del Claustro de Sor Juana hace 30 años y desde entonces hemos caminado juntos en distintos proyectos periodísticos. En 30 años, algunas cosas han cambiado en la percepción que tengo de él: ya no tiene el pelo largo ni usa botas vaqueras ni se desplaza en una motocicleta por la ciudad con una libreta de reportero en el bolsillo. Pero hay algo que se mantiene inquebrantable, tal como lo vi el primer día de clases, y es una actitud ante la realidad, una terca manía de dudar de todo e ir a fondo en busca de la verdad desnuda; no se deja desviar por los prejuicios y hurga en los intersticios para tratar de llegar a los hechos. Su columna de El Universal ejemplifica muy bien esta cualidad: se planta ante la noticia desde una perspectiva de objetividad, en tercera persona, y refiere los datos duros que encuentra; no opina, no decide, no juzga, eso le corresponderá en primera instancia al lector.

Javier Perucho: Tal vez sea una bravuconada más, pero de nueva cuenta una mano invisible amenaza al narrador y cronista de la Ciudad de México, Héctor de Mauleón. La amenaza, el hostigamiento y las vilezas ejercidas contra la ciudadanía son parte de los recursos más utilizados en los tiempos del presente para instaurar el miedo. El miedo paraliza, pues cumple la función de inhibir la respuesta civil. Para hacerle frente es necesario perderlo. Confrontarlo. De lo contrario se clausurarán los espacios que la democracia y sus ilusiones han abierto. Empeño mi voz para apoyar a Héctor y defender las libertades que él ejerce.

Armando Alanís: La valiente y honesta labor de investigación periodística de Héctor de Mauleón es indispensable en el México que nos ha tocado vivir, donde campean la violencia y la injusticia. El gobierno federal y el Gobierno de la Ciudad de México tienen la obligación de garantizar su seguridad.

Iván Ríos Gascón: Héctor de Mauleón es uno de los exploradores más escrupulosos de la historia de la Ciudad de México. Entusiasta de la crónica como paisaje de posibilidades infinitas, ha consolidado una espléndida bibliografía del género. Como periodista, Héctor se desempeña con rigor. Todos sus artículos se basan en pruebas e información verificada, no es un analista irresponsable ni milita en causa alguna. Las sistemáticas amenazas en su contra, de gravedad cada vez más alarmante, evidencian la indiferencia de las instituciones, la absoluta inutilidad de la fiscalía creada supuestamente para la defensa de los periodistas, la prueba más clara del Estado fallido.

Roberto Pliego: En alguna parte de Conversación en La Catedral, el protagonista se enfrenta a la sospecha de que “el periodismo no es una vocación, es una frustración”. La frase calza muy bien en el retrato de la indigencia política que imaginó Vargas Llosa, pero es un desatino cuando pensamos en Héctor de Mauleón, para quien el periodismo es no solo una vocación sino, sobre todo, una pasión. Conozco a Héctor hace casi 20 años y no deja de admirarme esa pasión por observar y relatar nuestro indigno presente nacional, esa pasión que ocupa cada momento de su vida, lo mismo en una sobremesa al calor de la amistad y aun el desacuerdo que en el bullicio de las calles y en la soledad de su mesa de trabajo.

Armando González Torres: Héctor de Mauleón es un periodista que mezcla el olfato del investigador, el equilibrio analítico, la buena prosa y, por supuesto, el valor civil (que no confunde con militancia). Su columna brinda un aire fresco y se atreve a denunciar muchas de las complicidades más ominosas entre clases políticas y delincuenciales. En un medio donde abundan opiniones inocuas y consignas pirotécnicas, no es extraño que el ejercicio serio y vertical del oficio afecte los intereses más oscuros y genere las amenazas más cobardes. No van a asustar a De Mauleón porque tiene una resistencia y un arrojo que no nace del protagonismo, sino de la indignación más genuina y espontánea, la del ciudadano ante la barbarie institucionalizada.

Queridos cinco lectores, con indignación y dolor por el ataque terrorista en Barcelona, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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