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El Santo Oficio

Política y escolios

José Luis Martínez S.

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Escolio es una “nota que se pone a un texto para explicarlo”, de acuerdo con la definición del Diccionario de la lengua española. Escolios es el nombre de la columna del poeta y ensayista Armando González Torres en el suplemento cultural Laberinto. Ahí, como lo ha hecho y lo hace en cada uno de los espacios donde colabora y en cada uno de sus libros, reafirma su prestigio de pensador independiente y crítico, con una cultura envidiable y una ilimitada curiosidad. Cada 15 días, en Laberinto, González Torres sorprende con observaciones puntuales de sus lecturas, con comentarios en ocasiones coloreados por el humor, pero siempre profundos y al mismo tiempo generosos, amables con los lectores.

El cartujo piensa en el trabajo de González Torres al leer Breviario de escolios (Atalanta, 2018), del colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Fue —dicen sus editores— leal a una divisa, impensable en la política mexicana: “vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes”. El resultado de tal decisión se condensa en más de 10 mil aforismos reunidos en Escolios a un texto implícito (Atalanta, 2009), de la cual el Breviario… es una selección realizada por José Miguel Serrano y Gonzalo Muñoz, donde se “revela las líneas esenciales de un pensador solitario que se empeñó en permanecer despierto donde la mayoría duerme”.

Como González Torres, este pensador solitario fue un afortunado creador de aforismos; “un reaccionario auténtico”, como él mismo se calificaba, renuente a todo espíritu gregario, pues, decía: “…toda empresa colectiva edifica prisiones” y “los copartícipes terminan en cómplices”.

Al leerlo, el cofrade imagina cuántos de los militantes de Morena se sienten a disgusto con la decisión de su líder de nombrar a Nestora Salgado y a Napoleón Gómez Urrutia como candidatos plurinominales al Senado de la República. Pero no dicen nada: forman parte de “un movimiento histórico”, viven prisioneros de una masiva ilusión y serán cómplices de la impunidad de estos personajes el próximo sexenio, sin importar las fundadas acusaciones contra ella por violar derechos humanos y contra él por ratero.

El sueño de los progresistas

Nicolás Gómez Dávila fue miembro del Consejo Directivo del Banco de Colombia; por las tardes y las noches se dedicaba a leer, hacía anotaciones de sus lecturas en cuadernos: comentarios breves, pensamientos, críticas feroces a la realidad de su país, algunas de ellas de irreprochable actualidad en el nuestro, como cuando dice: “Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos”. Basta ver a los candidatos presidenciales y sus huestes para darle razón. En una época particularmente difícil, ninguno tiene la estatura para sacar adelante a México.

En otro de sus aforismos, Gómez Dávila afirma: “Más repulsivo que el futuro que los progresistas involuntariamente preparan, es el futuro con que sueñan”. ¿Los progresistas están en Morena? Si es así, sueñan, tal vez, con destierros y fusilamientos en el Cerro de las Campanas, con constituciones morales, con la instauración del pensamiento único, con la jubilación de la democracia representativa y el impulso de las consultas a mano alzada, un sueño posible si las cosas siguen como van.

¿Cómo mira Andrés Manuel López Obrador a gente como Germán Martínez y Manuel Espino? ¿Los valora o solo los utiliza? Él dice haber perdonado antiguos ataques, injurias, descalificaciones de ellos y muchos otros en una pretendida política de reconciliación nacional. “Amor y paz”, repite en todas partes. El amanuense recuerda otro de los aforismos de Gómez Dávila: “El perdón es la forma sublime del desprecio”.

Dios, la religión, el amor, la filosofía, los temas del colombiano son numerosos. Pero el fraile se afana en separar los de índole política, tan pertinentes en estas horas de incertidumbre. Al observar a AMLO y sus nuevos aliados, llegados de todas partes, de la ultraderecha incluso, escucha la voz lapidaria de Gómez Dávila: “Cuando las codicias individuales se agrupan, acostumbramos bautizarlas nobles anhelos populares”.

El prevaricador y la blasfemia

Entre los asociados de AMLO está el pastor evangélico Hugo Eric Flores, presidente del Partido Encuentro Social.

En entrevista con el periódico El País, el reportero Jacobo García le pregunta sobre las iniciativas legales de su partido contra el aborto y el matrimonio igualitario. Reconoce haberlas presentado y dice: “Respetamos el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, pero no sobre la vida de otros”. Dice también: “El matrimonio igualitario se ha convertido en una moda. Si alguien en su vida quiere ejercer su sexualidad de la manera que quiera está muy bien, es un derecho, pero trasladarlo a la esfera pública atenta contra la vida”.

Flores llama a AMLO “un líder con una gran sabiduría (…) que propone que llevemos estos temas a consulta, y yo estoy de acuerdo”.

El monje lee la entrevista con el alma en vilo, se santigua y, temerario, grita en el monasterio un aforismo de Gómez Dávila: “La inmoralidad del gobernante es la última protección del ciudadano contra el creciente poderío del Estado. Del prevaricador se puede esperar compasión, pero no del doctrinario”. Y otro de González Torres: “Una buena religión: aquella en la que no es mal visto ignorar, dudar, pecar y blasfemar”.

El cartujo, sonrojado, está de acuerdo con ambos.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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