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Martes , 25.09.2018 / 13:21 Hoy

El Santo Oficio

Palabras de AMLO

José Luis Martínez S.

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Después de escuchar, el pasado miércoles, a Andrés Manuel López Obrador en su conversación con periodistas y colaboradores de MILENIO, el cartujo caminó cabizbajo hacia su pequeña y humilde celda. La noche sería larga, como la sospecha de un futuro incierto, con las palabras del candidato presidencial resonando pertinaces en el desvelo.

Volvió a los subrayados de ¿Qué es el populismo?, de Jan-Werner Müller, y dejó para otro día Una novela criminal, de Jorge Volpi, basada en el expediente judicial “contra Israel Vallarta y Florence Cassez, en investigaciones periodísticas previas o en las declaraciones y entrevistas concedidas por los protagonistas del caso”, como advierte el autor en la pequeña nota introductoria.

El asunto es conocido: en un montaje para la televisión, la mañana del 9 de diciembre de 2005 fue aprehendida una pareja de secuestradores —un mexicano y su novia francesa— y liberadas tres de sus víctimas. De acuerdo con sus editores: “Valiéndose tanto del rigor del periodismo como de los claroscuros de la literatura, Una novela criminal es el recuento de esta historia verdadera que parece surgida de la más descabellada ficción policiaca y que se convierte en una apasionada reflexión sobre las posibilidades de la verdad y la justicia”.

Ganador del Premio Alfaguara de Novela 2018, el libro ha suscitado curiosidad y polémica —aun sin haberlo leído— entre admiradores y detractores de Jorge Volpi, sobre todo por su decisión de incursionar en un territorio —la no ficción— explorado con éxito por grandes maestros como Truman Capote, Norman Mailer y Emmanuel Carrère. Quizá también por ponernos frente al espejo negro de nuestra realidad, cada vez más espantosa.

La novela espera sobre la mesa; en unas horas, tal vez al despuntar el alba, el trapense comenzará su travesía con ella.

Contra la sociedad civil

El monje relee la versión estenográfica de la entrevista con López Obrador y compara algunas de sus opiniones con las puntualizaciones de Müller sobre el populismo. Por ejemplo, ante una pregunta de Carlos Puig, el líder de Morena responde: “Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes”. Ofrece argumentos y critica al Instituto Nacional de Transparencia (Inai), “que cuesta mil millones de pesos, y que en el caso de Odebrecht actuó como tapadera”.

Por su parte, Müller escribe: “Los populistas en el poder tienden a ser severos (por decir lo menos) con las organizaciones no gubernamentales (ONG) que los critican. Para ellos la oposición desde la sociedad civil crea un problema moral y simbólico específico: potencialmente socava su afirmación de ser los únicos representantes morales del pueblo”.

Cuando Carlos Marín hace la observación de las “pavorosas” equivocaciones de los pueblos —la elección de Hitler, una de ellas—, López Obrador replica: “El pueblo tiene un instinto certero, es sabio (…) La democracia es el poder del pueblo. (…) En la democracia es el pueblo el que manda, el que decide”.

El pensador alemán dice: “No puede haber populismo sin alguien hablando en el nombre del pueblo como un todo”.

Por cierto, ¿cuántos votarán por López Obrador? ¿Todos los demás, no formarán parte del pueblo? ¿En el pueblo no hay matices, contradicciones, puntos de vista distintos; pluralidad?, las preguntas se acumulan y atormentan al fatigado amanuense, quien lee a Müller: “Los estudiosos de las ciencias políticas han sostenido desde hace mucho tiempo que la noción de una única ‘voluntad popular’ totalmente coherente es una fantasía y que nadie puede afirmar con credibilidad que, como solía decir Perón, ‘el gobierno hace lo que el pueblo quiere’”.

Constitucionalismo a modo

En la entrevista, López Obrador habló repetidas veces de hacer cambios en la Constitución, entre otras cosas, para echar abajo las reformas estructurales y establecer la revocación del mandato. “Cada dos años —dijo— se va a preguntar a los ciudadanos: ‘¿Quieres que continúe el Presidente o que se vaya, que renuncie?’, porque el pueblo pone y quita”.

En este momento —le planteó Jesús Silva-Herzog Márquez— no existe un mecanismo institucional para realizar la revocación del mandato. “Sí —respondió el candidato de Morena—, pero ¿por qué no aprobamos una iniciativa de ley para que esté contemplado en la Constitución y se pueda hacer” a través de “consulta ciudadana, plebiscitos, referéndum, el método democrático que más convenga?”

Escribe Müller: “¿No es cierto que los populistas exigen a menudo referendos? Sí, pero debe quedar claro lo que un referendo significa realmente para los populistas. No quieren que la gente participe continuamente en la política. Un referendo no busca detonar un proceso de deliberación abierto, entre verdaderos ciudadanos, para generar un rango de criterios populares bien pensados; más bien el referendo sirve para ratificar lo que, por tratarse de una cuestión de identidad, el líder populista ya ha discernido que es el genuino interés popular, y no para agregar intereses que puedan verificarse empíricamente”.

Los populistas, dice también, promueven con frecuencia no solo cambios, sino nuevas constituciones, como una manera de perpetuarse en el poder (si no los líderes, sí sus partidos), desactivar el pluralismo y capturar el sistema político. Ese es el dilema de estos días, esa es la causa de la vigilia en el monasterio.

Queridos cinco lectores, con la primavera lejana de su corazón, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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